El tercer ojo

El famoso tercer ojo, el tan valorado tercer ojo y sin embargo, tan poco entendido tercer ojo.

Y si, me atrevo a poner poco entendido porque a pesar de que encontramos muchos escritos en los que “la apertura del tercer ojo” es el tema central; estoy convencido que realmente son y han sido pocos los seres humanos que han llegado a comprender en su totalidad lo que significa “abrir el tercer ojo” y sobre todo, pocos muy pocos los comprometidos con lo que “abrirlo” implica realmente.

Yo no me considero ni de cerca una persona que pueda dar cátedra sobre la “mejor” forma de abrir ese “tercer ojo” y ver el mundo alejado de todas las falsedades con que lo miramos. El día de hoy quiero solamente compartirles como ha sido mi relación y búsqueda personal de esta visión tercio ocular, por llamarla de alguna forma. Recordando que esta es sólo mi experiencia y opinión, no “la verdad”.

Muchos buscamos lograr esta visión más amplia aproximándonos a libros, cursos o centros donde creemos encontrar lo que necesitamos. Pero si algo me ha quedado claro a lo largo de los años es que NADA de esto garantiza mirar el mundo desde otra perspectiva. Cuando escribo pienso inevitablemente en aquellas personas que gustan -digo esto porque al menos eso se reflejan- de lucir los cursos que han tomado, libros que han leído o centros que han visitado y que afirman “los han transformado”. No dudo del poder transformador de estas experiencias; pero si miro que a veces lo único que han hecho en estas personas es cambiarles un lente nublado por otro, que al ser “más nuevo” crea la impresión de estar ausente.

Esta “nueva forma” de ver el mundo me parece aún más peligrosa porque viene acompañada de una falsa sensación de trascendencia que genera un “ego muy espiritual” desde donde todo es analizado. Es decir, se cambia la visión “terrenal y mundana” y se “abre” la percepción “trascendente del tercer ojo”, pero en realidad se continua profundamente atado a nuestra percepción errónea. Una percepción errónea que puede verse influida por el ego del maestro o gurú, el ego de los compañeros, el ego del estatus social que brinda acudir a estas experiencias, etc. En resumen, me parece hay mucho ego detrás de ello. Y peor aún, un tipo de ego negado y encubierto. ¿Miran lo peligroso de esto?

Conozco no menos de 10 personas que afirman haber tenido experiencias transformadoras de este tipo, pero al entablar relaciones con ellos no es difícil percatarse que estas experiencias han sido valoradas desde la misma visión egolatra que se buscaba erradicar al “abrir el tercer ojo”. Y que peor aún ahora están convencidas de que están completamente alejadas del “ego”. Esto me ha mostrado que sin duda para lograr esta visión trascendente lo primero que hay que hacer es cuestionarse a uno mismo la calidad con la que miramos el mundo. Así, de la manera más cruda posible. De otra forma, seguiremos solapando nuestras acciones y actitudes considerándolas como propias de alguien “más despierto o espiritual”.

Estoy convencido que el mundo actual no está del todo preparado para despertar. Vivimos cómodamente engañados y preferimos llenar la vida de quejas a actuar activa y conscientemente en nuestra vida. Sabemos que la vida no nos acomoda, pero no queremos cambiarla del todo; sólo nos basta “un poco más de comodidad” y ahí es donde entra lo que explicaba antes, las experiencias “místicas y cómodas” que “nos orillan” a cambiar el materialismo banal por el materialismo espiritual lleno de tapetes de yoga carísimos, ropa antiderrapante y el banco de meditación de la madera perfecta para hacerlo. Claro, sin olvidar ir al centro espiritual en la mejor zona de nuestra ciudad, donde seguramente la iluminación y la apertura del tercer ojo no huirá de nosotros. Que absurdos somos…

Si leemos con la mente y el corazón abiertos las historias de aquellos grandes seres humanos que gustamos llamar maestros veremos que si algo compartían es que no buscaban “volver más cómoda su incomoda existencia”; ellos lo que hacían era aventurarse a territorios inexplorados de su ser. Esos territorios que muchos les huimos y que preferimos quedarnos en la frontera segura, donde nuestro ego y nuestra vida actual -esa que no nos gusta- estén a salvo. Preferimos vivir engañados, porque es más fácil encontrar excusas en la ignorancia y ceguera que en la luz y visión clara.

El primer enemigo de ver las cosas desde otro punto de vista somos NOSOTROS y nadie más. Es nuestra cobardía a verdaderamente implicarnos en el sendero de la transformación. Por ello afirmo que no importa el curso, el centro, el libro, nada de eso importa; sino existe un verdadero ejercicio de honestidad y un deseo genuino de transformación. Si esto no existe, todo lo demás se vuelve un bonito accesorio para una vida vacía. Así que debemos decidir entre una vida tal vez bonita pero no necesariamente diferente, o una vida diferente que tal vez sea algo incómoda.

Con lo anterior quier justificar el porque al inició llame “incomprendido” al tercer ojo. No creo que no podamos llegar a acceder a esa maravillosa visión trascendente, sólo creo que debemos orientar de manera efectiva nuestra búsqueda, alejarnos de las falsedades propias y ajenas; además de generar un fuerte compromiso con nuestra vida. Creo al final una mente y un corazón abiertos al mundo serán el mejor obsequio.

Esto es lo que creo. No tengo otra intención que compartir, no pretendo ser ejemplo de nada ni de nadie, solo me interesa compartir porque creo alguien puede verse reflejado en mi experiencia.

Suerte con su tercer ojo y a trabajar amigos. Que sean felices.

 

 

Cierra todo con amor e inicia con amor

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Hace unas semanas platicaba con una amiga cómo era curioso el fenómeno del fin de año donde aunque el tiempo “no se corta” para dar paso al año nuevo, hay una sensación interna en todos nosotros de que efectivamente “algo se acaba”.

Puedo pensar que esto sucede porque internamente estamos formados por ciclos (físicos y mentales); algo dentro de nosotros “sabe” que las cosas verdaderamente tienen un inicio y un final. No me refiero a esa frase de autoayuda que a veces nos decimos, en realidad pareciera como si algo muy interno supiera que genuinamente todo es un ciclo.

Hoy no quiero escribirles sobre lo que es un ciclo y todo eso (para ello dejaré otro post), sino llevarlos a reflexionar sobre cómo culminan este ciclo 2016 e inician el 2017. Para ello les propongo estas preguntas:

  • ¿Qué amé de mi vida este año?
  • ¿Qué me gustaría mejorar para el año nuevo?
  • ¿Qué aprendí de las experiencias de este año?
  • ¿Cómo puedo hacer para aprender más de las experiencias que vivo?
  • ¿Para qué me sirvieron las experiencias de este año?
  • ¿Soy una mejor persona que el año pasado?
  • ¿Estoy realmente donde quiero estar?
  • ¿Soy consciente que mi futuro depende de los aprendizajes del pasado y de mis decisiones presentes?
  • ¿Tengo alguna meta en este 2017?

En fin, estas son mis propuestas; me encantaría ustedes me dejaran algunas otras en los comentarios.

Aprovecho para agradecer su lectura, su paciencia en los momentos de silencio y todos sus comentarios. De corazón deseo un año donde la conciencia se haga presente, donde encuentren el camino para dirigirse a donde lo necesiten, que logren ver en cada obstáculo una nueva oportunidad o una señal de que un cambio es pertinente; en fin, ¡sean felices hoy y siempre!

¡Feliz año 2017! Desde México les envío un abrazo para ustedes y sus seres queridos.

Los invito a releer un post de hace 5 años que queda muy bien con el día de hoy.

 

Las normas básicas del Mindfulness

Estoy leyendo un libro relacionado con la práctica del Mindfulness -o Conciencia Plena- y quise compartir con ustedes algunas actitudes mentales básicas que forman parte de una vida presente en el aquí y ahora. Ellas están adaptadas del autor Jon Kabat-Zinn.

¿Cómo vivir en el aquí y ahora?

  1. Cada vez que sientas que los pensamientos relacionados con el pasado o el futuro te arrastran, utiliza alguna “ancla” que ayude a tu mente a regresar al momento presente.
  2. Presta atención a los pensamientos y los juicios que tu mente hace. No se trata de resistirse a ellos o rechazarlos, sólo se trata de observarlos con curiosidad.
  3. Sé paciente con tus avances, con la naturaleza de cada instante y con lo errática o resistente que puede ser tu mente.
  4. Se amable y bondadoso contigo. Puedes descubrir cosas que no sean agradables o sean dolorosas, así que es muy importante tengas una actitud calidad y bondadosa contigo.
  5. Siempre mantén la curiosidad inicial y permanece abierto a los descubrimientos.
  6. Confía en tu intuición más que en tus pensamientos.
  7. No te esfuerces en cambiar tu experiencia, sino en aceptarla tal y como es.
  8. Acepta las cosas como son en cada momento, con la menor resistencia posible e idealmente si ninguna resistencia.
  9. Intenta no aferrarte a la idea de que “algo” debe de ser de una única forma.
  10. El mindfulness es una práctica que requiere un compromiso diario.

Estos puntos son sólo la base de una vida con Conciencia Plena. Pronto publicaré la invitación a un taller relacionado con este tema que impartiré en el mes de Febrero del 2017 en el México. Si eres de la Ciudad de México o del Estado de México y te interesa asistir, por favor envía un correo con tu nombre, edad y algún teléfono para localizarte al correo akarmarhat@hotmail.com

Sean felices!

 

 

Al final todo es un aprendizaje

Llevaba tiempo sin escribir en este espacio, y no fue porque no tuviera nada que compartir; por el contrario este año que está por terminar me ha dejado una gran cantidad de aprendizaje y muchas experiencias -así sin ponerles alguna categoría de “malas o buenas”- que hasta el día de hoy se han asentado en mi mente y corazón de tal forma que ya me es posible compartirlas con ustedes.

Pensé en cual sería la mejor manera de hacerlo y decidí hacerlo de una forma muy simple, a partir de pequeñas frases que representan cada uno de los aprendizajes que este bello 2016 me ha dejado. Y sin más, aquí están las cosas que comprendí en este año:

  1. He comprendido que el control de la vida no se encuentra en evadir el cambio, sino en orientar nuestras decisiones hacía lo que buscamos.
  2. Comprendí que orientar nuestras decisiones no siempre garantiza el éxito, y que muchas veces el éxito radica en tomar la decisión adecuada.
  3. Comprendí que la decisión adecuada no está excenta de dolor.
  4. Comprendí que ese dolor no necesariamente significa sufrimiento.
  5. Comprendí que el sufrimiento radica en querer extraer  de algo o de alguien algo más cuando ya nos dio todo lo que podía otorgar.
  6. Comprendí que todo tiene un límite, y que incluso lo más hermoso agota su belleza.
  7. Comprendí que la verdadera belleza de la vida está más allá de lo que nos hemos hecho creer.
  8. Comprendí que para crecer hay que dejar de creer ciertas cosas y comenzar a vivir de otra manera.
  9. Comprendí que comenzar a vivir de otra manera implica elegir correctamente a quienes quieres te acompañen en este nuevo camino.
  10. Comprendí que los nuevos caminos asustan.
  11. Pero también comprendí que asustarnos no es sinónimo de permanecer estáticos.
  12. Comprendí que la peor forma de permanecer estáticos es cuando nos engañamos con falsos avances, o cuando nos descubrimos avanzando un “distinto camino” pero con el mismo paso.
  13. Comprendí que cada quien lleva un paso distinto en esta vida y que debemos agradecer cuando por fortuna los nuestros coinciden con quienes nos acompañan.
  14. Comprendí que de las cosas más importantes en la vida son las personas que siempre nos han acompañado, a pesar de todo y por sobre todo -incluso por sobre nosotros mismos-
  15. Comprendí que quien te quiere te desafía y no te dice lo que tu quieres escuchar.
  16. Comprendí que a la primera persona que debemos escuchar es a nosotros mismos.
  17. Comprendí que para escucharse a uno mismo de manera clara es muy importante estar dispuesto a aceptar todo lo que emana de uno mismo.
  18. Comprendí que aceptarse a uno mismo es la base de una vida feliz.
  19. Comprendí que una vida feliz no es aquella donde se tiene lo que se quiere, sino donde se aprende a distinguir lo verdaderamente necesario.
  20. Comprendí que lo verdaderamente necesario tampoco es tan necesario para vivir.
  21. Comprendí que para vivir sólo basta con tenerse a uno mismo.
  22. Comprendí que si uno está bien, todo y todos con quienes contactemos lo estarán.
  23. Comprendí que es mejor pocos amigos pero genuinos desde el alma.
  24. Comprendí que hay quienes se dicen amigos pero sólo están mientras obtienen algo de dicha relación.
  25. Comprendí que una relación no es vital para estar bien.
  26. Comprendí también que una relación tampoco es sinónimo de no estar bien.
  27. Comprendí que una relación sólo es el reflejo de lo que somos como personas.
  28. Comprendí que si quiero estar bien con los demás, debo comenzar a estar bien conmigo mismo.
  29. Comprendí que estar bien con uno mismo en ocasiones implica pedir ayuda.
  30. Comprendí que el pedir ayuda no te hace más débil.
  31. Comprendí que en ocasiones la mejor ayuda es la que no se otorga.
  32. Comprendí que para que alguien pueda ayudarnos, debemos estar dispuestos a luchar con nuestro principal enemigo…uno mismo.
  33. Comprendí que no todo el que parece tu enemigo lo es y que no todo el que se dice tu amigo lo es tampoco.
  34. Comprendí que tus enemigos pueden decir muchas cosas de ti, pero que lo que digan tiene que ver siempre con ellos y nunca contigo.
  35. Comprendí que los otros -y en ocasiones nosotros-solo abrimos la boca para lastimar a los demás.
  36. Comprendí que no debo creer todo lo que el otro dice.
  37. Comprendí que siempre somos más de lo que el otro cree de nosotros.
  38. Y por último comprendí que después de todo, y al final de todo; hay que ser agradecidos con los aprendizajes y experiencias que la vida nos da. Al final, la vida es eso: un espacio para experimentar, sentir y aprender.

Ojalá algo de esto les sirva, pero recuerden nada enseña como la experiencia. Y hoy más que nunca les digo, nada dura para siempre.

¡Que sean felices!

La elección…una forma de vivir

¿Acaso hay algún momento en que no estemos decidiendo algo?

Si buscamos dar la respuesta más rápida a esta pregunta, seguro diremos que no. Que hay momentos en los que si decidimos, pero que sería imposible estar decidiendo todo el tiempo.

Pero lastimosamente debo decirles que la realidad no es así. Si lo pensamos con un poco más de detenimiento, nos daremos cuenta que nos guste o no; todo el tiempo estamos decidiendo. Entonces, ¿Dónde está el conflicto?

Lo más natural es pensar, primero en que no somos conscientes de que siempre estamos decidiendo, y segundo, en que naturalmente si ignoramos esto; nuestras decisiones estarán plagadas de equivocaciones o dudas.

Pensemos que hoy decidimos por fin asumir que siempre estamos decidiendo, entonces enfoquémonos en los lentes que nos ponemos al momento de decidir y que espero al final de este post les ayude a tomar las decisiones más adecuadas para su situación presente, pero sobre todo decisiones que les lleven a efectivamente una vida más feliz; pero genuinamente feliz.

Para escribir esto me he apoyado en un texto que leí en la página española tupsicologia.com y que a pesar de ser breve describe perfectamente las principales dificultades que los seres humanos podemos encontrar al decidir conscientemente. Además de reconocer me ha ayudado a tomar decisiones en mi momento presente ante las situaciones que la vida me ha presentado. Los mencionaré uno por uno, puntualizando en aquellos aspectos que considero así debe hacerse.

Error # 1 “Decidir impulsivamente”

Esto es básicamente decidir algo desde la posición de la urgencia; desde la necesidad de la prontitud de “resolver”. Al comenzar a decidir desde esta postura, necesariamente se pierden de vista las consecuencias (positivas o negativas) de nuestra decisión.

Esto a su vez disminuye la capacidad de razonamiento, análisis, atención y memoria; indispensables al tomar una decisión que sea adecuada. El tiempo es importante al momento de tomar una decisión, sólo en el sentido en que nos evita actuar impulsivamente y hacer uso de los recursos psicológicos personales en el análisis de la situación. El tiempo por sí mismo no servirá si no es usado en movilizar los recursos en pro de una decisión.

Pero… ¿Cuánto tiempo? Y, aquí surge el siguiente error.

Error #2 “Parálisis por el exceso de análisis”

Posponer “eternamente” o “casi eternamente” o “indefinidamente” o “quien sabe cuándo” una decisión es uno de los errores más comunes. Este puede tener su origen en varias razones. La primera de ella puede ser por el miedo a equivocarse. Este miedo lleva a la persona a elegir no actuar en favor de su seguridad, al menos de una sensación de protección. Como se puede notar no está mal sentir esa necesidad de seguridad, de hecho es saludable; el problema es que estamos hablando de toma de decisiones y un miedo mal trabajado solo paraliza a las personas. Una sugerencia para aliviar esa sensación de miedo sería, en la medida de lo posible, aclarar con la persona, o con la situación o con nosotros mismos la veracidad de ese miedo; muy posiblemente nos encontraremos con un miedo totalmente infundado o basado en pensamientos catastróficos, fatalistas o por lo menos falsos e irreales. El mejor antídoto contra el miedo es la comprobación de las bases que lo sustentan.

La segunda razón posible es un exceso de perfeccionismo ante la decisión. El error sustancial de este error radica en la exigencia hacía todas las posibles soluciones que forman parte de las decisiones. Es cuando a toda posibilidad se le encuentra un problema, pero basado en un perfeccionismo tal vez no consciente, pero que no por ello no actúa. Se hace evidente cuando nada parece ser correcto, es decir, ninguna decisión presenta una posible solución al conflicto. Todo es confuso, debido a la exigencia que hace ver como que nada es suficiente. Y si nada es suficiente, entonces, ¿para qué esperar a esa respuesta? Si seguramente no será suficiente.

La última razón radica en la falsa creencia de que se tiene que estar 100% seguro para decidir. Honestamente… ¿Cuándo estamos 100% seguros de lo que decidimos? Si como mencioné al inicio, a veces ni percibimos nuestras decisiones. Este estado es absolutamente ilusorio, puesto que nunca llegará, y no llegará porque la certeza al 100% no existe puesto que en todo hay un riesgo. Podemos pensar que toda decisión debe ser tomada asumiendo el porcentaje de riesgo que existe en ella. Entonces, si postergamos hasta estar 100% seguros, lo único seguro es que postergaremos indefinidamente, huiremos de la decisión y nos encontraremos en un constante estado de incertidumbre.

Error #3 “Creer que la opción “correcta” es la que no tiene inconvenientes”

Esto es una falacia, pues que si la perfección no existe; la opción que carece de errores o inconvenientes tampoco. En este sentido se nos sugieren 4 formas muy prácticas para evaluar las opciones, alejándonos de la ilusión de “la respuesta correcta”.

  1. Pensar en aquella opción que tenga la menor cantidad de errores posibles. Lo cual en sí misma es una dificultad, dependiendo de nuestra claridad de análisis. Pero aun así el esfuerzo vale la pena, al menos nos saca de la visión negativa que se suele tener al decidir; siempre basada en lo peor que puede pasar y no en lo que se puede ganar.
  2. Pensar en la opción en que los errores sean reversibles o tengan algún grado de solución. Esto es muy importante, y es básico observarlo en relación a nuestra propia capacidad de solucionarlos, como en la capacidad y compromiso de otros en hacerlos, en caso que así sea.
  3. Que la opción se encuentre dentro de la escala personal de valores. No se puede elegir algo que no esté dentro de lo que queremos ver en nuestra vida. Aquí es importante detenerse a evaluar si la opción a elegir nos muestra realmente eso. No engañarse bajo la visión del idealismo o del fatalismo.
  4. Muy importante es evaluar como más viable la opción en que los “errores” coexistan con las mejores ventajas. Eso nos saca de nuestro análisis parcial en el que todo se convierte en una posible fuente de dificultades. Será sorprendente ver cuantas cosas que parecían llenas de dificultades, en realidad no las tienen. Nosotros las creamos en nuestro análisis.

Error #4 “Optar por “A” y recrearte en las ventajas de “B”

Siempre hay más de una opción al decidir, eso lo sabemos. El conflicto que surge más allá de los errores anteriores, es que una vez ya parece ser que elegimos algo, o una parte nuestra lo hizo; hacemos todo lo posible por someternos al martirio de ver las “grandes ventajas” que la otra opción nos ofrecía. Y poco nos detenemos a dos cosas: ¿realmente son tan grandes esas ventajas? y ¿siquiera pensamos si pueden generarse en la opción que ya tomamos?

En términos de una decisión saludable psicológicamente lo mejor que podemos hacer es que una vez se escoja “A”, hay que poner el foco en las ventajas de esa opción. Enfocarse en las desventajas o en las ventajas de otra opción, no ayuda en nada y sólo te coloca en una sensación de inseguridad permanente. Se elige no ver lo que está presente, prefiriendo elegir ver lo que no está o enfocarnos sólo en los aspectos negativos. Honestamente… ¿Quién elegiría algo que se ve sólo negativo?  Dicen que la “mejor” decisión es aquella por la que se apuesta.

Error #5 “Usar el criterio: ¿tú qué harías en mi lugar?”

Esto nos brinda un alivio momentáneo puesto que depositamos la responsabilidad en el otro; al menos de forma imaginaria, puesto que el que ha de decidir somos nosotros. Lo que otra persona decide es válido única y exclusivamente en su lugar y situación particular, es decir, es contingente. Por lo tanto, no tiene por qué aplicar a nosotros, ni a nuestro contexto.

¿Qué haría un caballo si estuviera en el lugar de un pez? Si es un caballo consciente, seguro se daría cuenta que no es un pez y movilizaría sus propios recursos de caballo en lugar de buscar sumergirse en lo más profundo de un lago.

 Error # 6 “Escoger desde el miedo”

Escoger desde el miedo significa no decidir por lo que se quiere o puede conseguir, sino por aquello que se quiere evitar. Entonces la decisión estará cegada justo porque sólo tomamos una perspectiva de todo el panorama. Y además porque sólo elegimos ver la perspectiva que generalmente se ve más oscura, gracias a la acción del miedo. Recordemos que un miedo o temor mal elaborado lleva a paralizar en lugar de a actuar.

Otra cosa a analizar es desde donde nos situamos en relación al miedo. No es lo mismo tener miedo de un perro que tenemos enfrente, que jala con toda su fuerza una cadena y que además nos enseña sus colmillos; a tener miedo porque pensamos o sentimos que algo puede pasar. Uno está basado en la realidad y el otro en la mera fantasía, que por el solo hecho de ser fantasía es falsa.

Error #7 “Decidir en caliente”

La ansiedad, enfado e ira imposibilitan la toma de decisiones adecuadas. Nuestro cerebro cuenta con distintas secciones, cada una de ellas con una función específica. Las dos principales que nos interesan en este caso específico son: el cerebro límbico y el neocortex.

Si se está bajo el control del cerebro “límbico” o más instintivo (desde el que se gestan la ira, ansiedad, enfado, etc.) se estará decidiendo de forma “visceral” y no desde nuestro neocortex, que es donde radica el control de nuestras conductas, análisis, imaginación y planificación.

Lo ideal sería gestionar la emoción y después tomar la decisión, dicen “con la cabeza fría”. Les juro…suena más fácil de lo que es…pero tampoco es imposible. Es verdaderamente un trabajo de mucha práctica, pero totalmente posible.

Así que cuando estemos enojados, ansiosos o iracundos; lo mejor será reconocerlo y elegir no tomar decisiones, sabiendo que inevitablemente estaremos haciendo algo que realmente no sentimos hacer. Dicen que “todo acto gestado desde la violencia, inevitablemente lleva al arrepentimiento”. Si pensamos esto, nos ayudará a no juzgarnos, ni juzgar las acciones de los demás tan duramente como en ocasiones solemos hacerlo. Aspecto que por supuesto también interfiere en nuestra adecuada toma de decisiones.

Les he querido compartir y ampliar un poco este texto que encontré, porque estoy convencido que la toma de decisiones es uno de los aspectos fundamentales de nuestra vida; y también de los más desafiantes. He experimentado en carne propia las dos caras de las decisiones: la cara que basada en la ira me aseguraba hacía lo correcto y actualmente la cara que sin ponerle un velo rosa al mundo, me hace hacerme responsable de lo hecho y mirar que en muchas situaciones aquello que parece irresoluble, tiene una absoluta solución; sólo basta con decidir cambiar la mirada por aquella en donde dejemos de ver problemas en todas las soluciones, y abrirnos a la posibilidad de solucionar. Desde ahí comencemos a decidir.

Sean felices…

 

 

¿Nos habla el Universo?

En estos momentos me encuentro pasando por lo que percibo es el momento más difícil de mi vida. Me he visto en la necesidad de recurrir a diversas lecturas que ayuden a aclarar lo que pasa en mi mente y corazón. En su mayoría libros, pero también he recurrido a las redes sociales en búsqueda de frases que me “ayuden” en “algo”.

Esta búsqueda me ha llevado a encontrar múltiples frases en donde aquello que llamamos “el Universo” forma parte importante de las mismas. Frases que van desde “esto que te esta ocurriendo es porque el Universo quiere que aprendas algo”, “esta es la forma en la que el Universo te responde” o “todo en el Universo tiene una razón de ser, no interfieras en su curso”, etc, etc, etc.

Si las analizó con mi mente racional y ordinaria, todo parece ir bien. De hecho en realidad “ayudan” a estar mejor; porque claro, responden a mi necesidad de afirmar “algo” en mi. Veamos un ejemplo: Quiero cambiar de trabajo porque estoy insatisfecho en el que me encuentro ahora. Obviamente en nuestra mente y corazón estará sembrada la duda y de alguna forma debemos aliviarnos. Así que nos metemos en las redes sociales a buscar “algo” que nos “ayude”. Y de pronto aparece una página llena de frases lindas y una de ellas dice: “Esto que te está pasando es la respuesta del Universo a tu necesidad de cambiar” o algo por el estilo. Entonces, nos sentimos no sólo escuchados, sino comprendidos (hasta ahí para mí queda la parte positiva de estas frases); pero esto parece ir más allá. Creemos que verdaderamente a partir de nuestra experiencia “el Universo” nos está diciendo eso…que TENEMOS que cambiar.

Entonces tomamos valor y salimos corriendo por la mañana a renunciar a nuestro “horrendo” trabajo; sin siquiera cuestionar hasta que punto la frase está hecha a la medida de nuestra duda. Vamos y presentamos nuestra renuncia. Salimos “satisfechos” y “seguros” de haber hecho “lo mejor” porque eso es lo que “el Universo tenía para nosotros”. Días, semanas o meses después nos damos cuenta que ese trabajo ni era “horrendo” y que en realidad nuestra insatisfacción provenía de otras necesidades personales que fueron ignoradas totalmente por la idea de que efectivamente “el Universo nos ponía en esa dificultad porque debíamos cambiar”. Fin de la historia.

Espero logren percibir lo riesgoso que esta situación puede llegar a ser. Y si no, intentaré explicarme. Iré por partes.

Primero, ok habrá quien piense; “pues si, pero al final esa persona quería cambiar de trabajo, y gracias a ello lo logró”. Ok, estoy de acuerdo; el riesgo no está en el cambio en si, sino en la ligereza con que ese cambio fue tomado. En ningún momento la persona se tomó un tiempo real (sí, real) para pensar y sentir (sí, las dos) en si realmente necesitaba ese cambio o, sólo quería cambiar algunas cosas o, no quería cambiar en lo externo, sino en lo interno. Que se yo…las miles de opciones que existen en la mente humana. Entonces su “cambio” fue elegido a partir de una mente limitada y un corazón limitado, que solo observaba una parcialidad de la decisión y por lo tanto de las consecuencias. Para mí ahí es donde todo empieza a ir mal.

Segundo problema que observo: nunca hubo un cuestionamiento a la frase leída. Es decir la frase llegó a la mente y el corazón de esta persona como un “mensaje del Universo”, incuestionable por venir de “algo superior”. Esta persona seguramente no pensó que tal vez su necesidad de encontrar una respuesta lo llevó a dejar de fijarse en la interpretación tan superficial que el mismo hizo a la frase. “Si el Universo me mando esto es para cambiar, entonces a cambiar se ha dicho”… Me pregunto : ¿donde queda la capacidad de discernir del ser humano?, ¿Donde queda la capacidad de decidir conscientemente?, ¿Donde queda esa persona consciente?

Ok, tal vez dirán: “pero entiende esta persona no puede discernir, no puede decidir y mucho menos hacerlo conscientemente, !por eso está como está¡ Ok, lo acepto; pero esto evidencia algo para lo cual el mundo siempre nos ha preparado: para no pensar y sentir por nosotros, sino obedecer a los demás y convencernos que lo hacemos voluntariamente, y más grave aun; que ellos no influyen en nosotros, sino que nosotros “decidimos” que tomar y que no. Estos mis amigos tiene es la base de otro problema…

Si nunca he cuestionado a nadie ¿Debo yo un ser humano cualquiera cuestionar los mensajes del Universo? La respuesta es…depende. Y si depende que ser humano quieras seguir construyendo. Seguramente si crees en que “el Universo” te habla eres de aquellos que creen que”todo tiene un sentido, que los tiempos son perfectos y que lo que será, será”. Y además que “no debemos interferir en sus planes, porque entonces lo que suceda no será lo que debía suceder, sino lo que nosotros forzamos sucediera”.

De corazón deseo noten lo peligroso del pensamiento anterior…las cosas suceden, yo no puedo hacer nada contra lo que el Universo quiere para mi. Así que confiemos en el Universo” Este tipo de pensamiento es lo más alejado de una vida consciente, aunque puedo entender de donde proviene. Muchas de las cosas que aprendemos día a día nos refuerzan la idea de que las cosas ya iban a pasar así, y que por lo tanto no había “nada que hacer”, y que además “algo o alguien” ya tiene planes trazados para nosotros en los que lo mejor es no interferir, porque al esos planes venir desde “lo alto” seguro son mejores que lo que podamos decidir nosotros.

Y aquí tenemos muchos ejemplos, en este momento se me ocurre el tan utilizado “Que sea lo que Dios quiera”. Haber…haber…haber, y ¿porque Dios tendría que cargar con nuestra decisión? Imaginen al pobre cargando con la decisión de toda la humanidad que decide no solo creer en él, sino depositar en él la solución a sus problemas. Pobre Dios, ha de estar vuelto loco. Y ademas agreguen que debe pensar en que su solución debe dejar en claro que fue “lo mejor” para la persona; aunque esto le haga sufrir hasta sentirse morir o ser feliz hasta perder el control; la “decisión de Dios o su plan” debe tener un sentido para esta persona. Debe verse que para algo sirve. Pobre de mi amigo Dios…

Aquí quiero abrir un importante paréntesis; amigos…no confundamos las prácticas que promueven la conciencia y el desarrollo del ser; con aquellas esotéricas, terapéuticas, pseudoreligiosas, filiales, amistosas, etc.; que se valen de entidades externas (Dios, el Universo, las deidades, Buda, el terapeuta, el amigo, etc) para dar mensajes que deben ser seguidos y donde no debemos interferir, solo obedecer. Y tengan cuidado, generalmente estas prácticas suelen tener técnicas tan sutiles que lograran convencernos que “no han influido en nada en nuestra decisión”, que en realidad nosotros somos 100% conscientes de lo que hacemos. Aquí quiero retomar algo que dicen decía el Buda: “siempre cuestiona todo, ni siquiera creas lo que yo te digo”. A veces imagino a todas las deidades o figuras espirituales que cada quien elige tener riéndose molestos por ver lo que las personas hemos hecho con sus mensajes de libertad. Eso me da tristeza… se cierra paréntesis.

Ahora me surge una problemática y pregunta mucho más simple: Si el Universo es tan sabio  que conoce lo que va a pasar con mi vida según sus planes, ¿en realidad necesita a una persona que escriba sus frases, le ponga una imagen linda y las publique en una red social? Seguramente no… ¿no puede encontrar una forma más sabia de hacerme llegar su mensaje? Estoy seguro que sí…

Con todo lo anterior no quiero cuestionar la idea de que algo superior a nosotros pueda o no existir. En realidad si creo hay algo, solo estoy convencido que esa entidad no tiene un plan para cada uno de nosotros y que su única regla sería la de “construye tu propio plan y deja de escuchar tanto a los demás, incluso aunque te digan hablan por mí”. Al final, ¿quien tiene la prueba real y tangible de que si yo “renunció a mi empleo” eso era lo que el “Universo” quería para mi? Que tal si eso solo pone en evidencia la irresponsabilidad e inconsciencia personal con que llevo mis elecciones, dejando que el “no elegir” sea paradojicamente “mi elección”. Ven el problema en esto…estamos dejando de elegir por dejar actuar al Universo.

Y en ese dejar de elegir el Karma actuará (la ley de causa y efecto), ese sí nunca falla. ¿Como creo actúa el Karma? Pues si no tomo con mi mente y corazón decisiones, entonces no pasará nada y la consecuencia karmatica de ello es la inevitable pérdida de algo. Al no elegir siempre perdemos la opción que nuestra decisión de actuar pudo traer a nuestra vida. En el ejemplo del trabajo la persona parece “actuar” al renunciar, cuando en realidad no actúa por si mismo; sino convencido de que eso “debe hacer” porque “el Universo se lo dijo en una frase”. Yo llamaría a esto, una acción no consciente y automanipulada. Si yo no hago…el Karma lo hará por mi…no el universo. Si dejo de hacer, no pasará nada. Asi de simple. No nos engañemos más. El Karma hará lo que tu conscientemente no te atreviste a hacer.

Retomando de nuevo el ejemplo del empleo, ¿que tal si ese empleo era el empleo de su vida? y su incapacidad de decidir conscientemente lo alejo de él. También está la otra opción ¿Que tal si elige quedarse y le va efectivamente mal toda su vida? Sea la respuesta que sea, es algo que nunca sabremos y ¿por qué? … Porque el sujeto no se atrevió a actuar con mente y corazón, sino solo a obedecer las palabras “del Universo”.

Amigos, yo creo que el Universo sí tiene mensajes que darnos; pero no creo sean mensajes tan mundanos como los que nos gusta leer en libros de autoayuda o internet; escuchar de amigos o familiares o; registrar en una terapia…no. Para mi su mensaje sería: “Sal al mundo, experiméntalo; date y da a otros la oportunidad de equivocarse y perdona; ve a vivir y deja de seguir mis planes…construye día a día los tuyos; no me cargues a mi tus decisiones, mejor ve y actúa; y por último usa aquello que sólo tu tienes y úsalo conscientemente: tu corazón y tu mente”.

Si son de los que creen en el Universo (Dios, la energía, etc) creo que la mejor forma de agradecer su existencia es haciendo algo consciente de nuestra vida. Lean bien..haciendo, no esperando.

No crean todo lo que escribí…el objetivo justo es llevarlos a dudar. Vamos…duden  hasta de los planes del Universo. ¿A poco Jesús y Buda fueron tan obedientes? Por ello si lograron escuchar al Universo, y no autoengañarse.

Sean felices…

 

 

 

 

Revolución interior

Fuente: revolucioninterior.com

En diversos momentos de nuestra existencia nos vemos con la ineludible necesidad de un cambio. Y no me refiero a un cambio basado en el natural impulso al cambio, sino un cambio mucho más consciente y porque no decirlo, necesario. ¿Alguna vez han tenido la sensación de que algo en su vida no va bien o que esta fuera de lugar? Estoy seguro que todos podemos acceder a esa sensación. Pues bueno, de ella es de donde parte esa necesidad de cambio.

Cuando surge en nosotros esa sensación tenemos en general dos opciones: continuar tercamente con nuestro actuar, o, revaluar nuestras acciones.

Si continuamos con nuestro terco actuar, seguiremos obteniendo el mismo resultado y por supuesto, las mismas consecuencias. A esto es a lo que realmente el término karma hace referencia. Entonces podemos decir: que vivimos en nuestro karma.

Es aquí cuando nos vemos “queriendo” vivir diferente o sentir diferente, pero realmente no traducimos nuestro “querer” en acciones que vayan en favor de aquello que buscamos. Es como querer obtener una manzana de un árbol de aguacates. No solo es naturalmente imposible, sino humanamente estúpido -en el sentido más amplio de la palabra-.

No se si notaron que escribí “queriendo” entre paréntesis, ¿porque fue así?. Pues porque me parece que no queremos real y profundamente un cambio. Bien sea porque este involucre luchar abierta y francamente con nuestros arraigados y difíciles de erradicar hábitos; o, porque existen ganancias secundarias en aquello que hacemos y que nos cuesta aceptar que preferimos ese bienestar momentáneo a un bienestar más duradero -aunque es cierto, tampoco permanente-

Si analizamos esta primera opción nos daremos cuenta de lo inútil que resulta para nuestro “deseado” cambio. Y entonces no queda de otra más que entrarle a la siguiente opción -claro, sino es que nos rendimos y nos quedamos con lo indeseablemente cómodo-.

Si elegimos dar ese paso, entonces me parece irremediable dar paso a una “Revolución interior”. Pero…¿que es eso?. Tratare de explicar lo que para mí significa.

Yo llamo “Revolución interior” a la serie de cambios -mentales, físicos, espirituales, materiales y conductuales- que conllevan una transformación del estado perceptivo actual de nuestra realidad. Cambios que se traducen en aquel aspecto que los motivo -mentales, físicos, espirituales, materiales y conductuales-.

Algunos se preguntaran: ¿porque si es una revolución interior, incluye aspectos exteriores?

Pues porque estoy convencido personal y profesionalmente que el mundo existe según la interpretación que le damos, es decir, todo depende de los mecanismos internos que me dan acceso a mi realidad; sin importar el aspecto que analice -mental, físico, espiritual, material y conductual-. Con ello quiero decir que si no transformo mi mente, mi realidad no se transforma. Pero, ¿en donde quedan las emociones?

No quiero entrar en polémica sobre el origen de las emociones, pero si quiero elegir un bando. Para mi las emociones y los pensamientos se alimentan mutuamente; pero reconozco que es mucho más fácil acceder a los pensamientos y transformarlos que a las emociones como tal. Así que por ello me voy por transformar la mente y estoy convencido que la emoción la seguirá, por puro orden natural y relacional.

Claro que este cambio no es fácil y sencillo -para aquellos que lo quieran fácil, ahí está la primera opción-, pero no por ello es imposible. Recuerda: si piensas -mente- que es imposible, lo será.

No puedo darles una receta única e inequívoca para transitar el sendero de su revolución interior, y la razón es muy simple: cada quien sabe que necesita revolucionar. Así es, si dejamos de lado el autoengaño con que nos gusta vivir, todos sabemos perfectamente lo que mantiene nuestra vida alejada de lo que deseamos.

Podemos ver traducida esta falta de armonía en muchas formas: problemas con nuestros padres, con nuestros profesores, con nuestros amigos, con nuestra pareja, con nosotros mismos, con todos, con todo lo que existe, etc -ok, reconozco exageré-

Entonces hay un primer trabajo antes de iniciar esa revolución interior, y es: dejar de engañarnos a nosotros mismos.

Suena más difícil de lo que es. Piensen un poco y se darán cuenta que todos sabemos lo que tenemos que cambiar, claro al menos que de verdad estemos totalmente desligados de nuestra realidad o que tengamos un ego tan grande que nos haga creer que todos están mal, menos nosotros. Pero confió en que no es el caso de todos, y de los que sea, también podrán cuenta de ello antes de que su realidad se los haga notar.

Si somos capaces de dar ese primer paso y librarnos al menos un poco de ese autoengaño, entonces hemos iniciado esa revolución interior. Ahora queda a analizar a la luz de esa honestidad, aquello que hemos de cambiar. Y por supuesto, dar paso a encontrar aquello que consideramos puede ayudarnos.

Por ahora, quiero dejarlos con la idea de la posible revolución interior, pero sobre todo con la idea de liberarnos de ese autoengaño que tanto daño nos hace. Al final, ¿que no todos queremos ser felices? o ¿también en eso se han engañado?

Sean felices, y sigamos luchando por esa revolución interior.