El lado oscuro del hombre

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A lo largo de nuestra historia tenemos muchos ejemplos en donde los seres humanos hemos mostrado nuestra faceta más luminosa, esa de la que nos enorgullecemos y que resulta agradable a la vista propia y de quienes nos rodean. Ese lado que desde nuestro primer día es reforzado socialmente generando reconocimiento, empatía y aprecio. Como ejemplo tenemos a Mahatma Gandhi, Nelson Mandela, Dalai Lama, Malala Yousafzai que con su vida han marcado la historia del mundo.

Es natural que como sociedades pongamos especial énfasis en estimular y reforzar las características humanas que deseamos observar en nuestras comunidades. Todo cuanto observamos, leemos o escuchamos parece estar orientado a demostrar “como debemos ser, pensar y comportarnos”. Recibimos la educación -formal e informal- necesaria para distinguir lo que “hace y no una buena persona”.  Nos encontramos constantemente evaluados para evitar “salirnos” de ese molde social en donde sólo lo “bueno” parece entrar.

Por supuesto que todos estos intentos para conservar la estructura social ha tenido buenos frutos observados en la vida de muchas personas y diversas sociedades, no los niego. Pero también ha logrado que en muchas personas y sociedades se hayan olvidado e incluso negado todas aquellas características humanas que carecen de esa luminosidad y que me atrevo a nombrar oscuras. Por más que nos empeñemos en enfocarnos sólo en nuestra faceta luminosa, esa oscuridad existe, nos guste reconocerlo o no.

Claro que deseo la vida de todos este en su mayoría se exprese desde el lado luminoso, pero nunca debemos olvidar lo peligroso que es negar la existencia de su contraparte. No se trata de permitir que el lado oscuro se exprese en todo lo que hagamos, porque eso innegablemente traería sufrimiento a nuestra vida. Pero negarlo sólo hace que desechemos una parte nuestra que al final requiere ser integrada para una vida plena. Reconocer no es expresar. No se trata que con la justificación de la oscuridad propia a nuestro ser, vayamos dañando a cuanta persona contactemos. Sólo es darnos la oportunidad de integrar todo lo que hemos estado negando.

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Nuestra sociedad en su afán de progreso y desarrollo ha intentando erradicar todo aquello que pudiera demostrar que el ser humano no es todo bondad y que incluso aquellas personas que en su mayoría actúan bondadosamente, tienen episodios donde la oscuridad es expresada. La diferencia es que estas personas tienen claro que esta oscuridad existe y no son dominadas por ella. Para mi está esto diferencia la oscuridad de la maldad. La maldad actúa desde el desconocimiento de la oscuridad humana, se deja dominar por ella y arrasa con todo cuanto toca.

Nuestra sociedad entrenada para reconocer la luminosidad y castigar la oscuridad, se ha vuelto experta en ayudarnos a ocultar y negar a toda costa cualquier muestra de ella. Apenas se asoma en nuestras acciones, no nos ayuda a reconocerla e integrarla de forma constructiva a nuestra vida. Por el contrario, nos inculpa con reclamos y muestras de desprecio. En ese preciso instante se polariza nuevamente nuestra existencia, y si antes de nuestras acciones oscuras se negaba su existencia, ahora parece que sólo existe la oscuridad y se niega cualquier rastro de luz.

Esto  demuestra lo poco que conocemos de la naturaleza humana, sobre todo de la propia. Juzgamos fácilmente a los demás como “la peor persona” cuando ni siquiera podemos reconocer la oscuridad existente en nosotros. Creo saber el porque no es tan fácil inculpar y evidenciar la oscuridad ajena. Pareciera que quien reconoce  la oscuridad en otro inmediatamente aumenta la propia. Es decir, valoramos más a quien muestra la oscuridad ajena que a quien se dedica a buscar la propia.

Esto último dice mucho de la forma en que se conduce nuestra sociedad. Una sociedad en donde el descubrimiento propio esta relegado por la necesidad obsesiva de ahondar en la vida ajena y que además, juzga la totalidad del ser con base en la idea de una utópica existencia totalmente luminosa. Desafortunadamente parece ser que nos empeñamos en negar todo lo que conforma nuestra humanidad. Repito; no estoy a favor de ser dominados por la oscuridad, pero siempre estaré a favor de reconocernos íntegramente.

Hoy quiero invitarlos a que cada vez que se encuentren siendo juzgados o juzgando a otros por las expresiones de su oscuridad, recordemos que nadie está libre de ella y que tal vez esta persona sólo actúe con base a la ignorancia propia y no desde una genuina maldad. Y por supuesto, si estamos juzgando estamos actuando desde nuestra ignorancia. No seamos de los que juzgan en lugar de buscar comprender. Nadie -salvo que seamos Budas o seres iluminados- nos encontramos ajenos a esta parte de nuestra naturaleza: la tan desdeñada oscuridad.

Sean luminosos y oscuros.