El tercer ojo

El famoso tercer ojo, el tan valorado tercer ojo y sin embargo, tan poco entendido tercer ojo.

Y si, me atrevo a poner poco entendido porque a pesar de que encontramos muchos escritos en los que “la apertura del tercer ojo” es el tema central; estoy convencido que realmente son y han sido pocos los seres humanos que han llegado a comprender en su totalidad lo que significa “abrir el tercer ojo” y sobre todo, pocos muy pocos los comprometidos con lo que “abrirlo” implica realmente.

Yo no me considero ni de cerca una persona que pueda dar cátedra sobre la “mejor” forma de abrir ese “tercer ojo” y ver el mundo alejado de todas las falsedades con que lo miramos. El día de hoy quiero solamente compartirles como ha sido mi relación y búsqueda personal de esta visión tercio ocular, por llamarla de alguna forma. Recordando que esta es sólo mi experiencia y opinión, no “la verdad”.

Muchos buscamos lograr esta visión más amplia aproximándonos a libros, cursos o centros donde creemos encontrar lo que necesitamos. Pero si algo me ha quedado claro a lo largo de los años es que NADA de esto garantiza mirar el mundo desde otra perspectiva. Cuando escribo pienso inevitablemente en aquellas personas que gustan -digo esto porque al menos eso se reflejan- de lucir los cursos que han tomado, libros que han leído o centros que han visitado y que afirman “los han transformado”. No dudo del poder transformador de estas experiencias; pero si miro que a veces lo único que han hecho en estas personas es cambiarles un lente nublado por otro, que al ser “más nuevo” crea la impresión de estar ausente.

Esta “nueva forma” de ver el mundo me parece aún más peligrosa porque viene acompañada de una falsa sensación de trascendencia que genera un “ego muy espiritual” desde donde todo es analizado. Es decir, se cambia la visión “terrenal y mundana” y se “abre” la percepción “trascendente del tercer ojo”, pero en realidad se continua profundamente atado a nuestra percepción errónea. Una percepción errónea que puede verse influida por el ego del maestro o gurú, el ego de los compañeros, el ego del estatus social que brinda acudir a estas experiencias, etc. En resumen, me parece hay mucho ego detrás de ello. Y peor aún, un tipo de ego negado y encubierto. ¿Miran lo peligroso de esto?

Conozco no menos de 10 personas que afirman haber tenido experiencias transformadoras de este tipo, pero al entablar relaciones con ellos no es difícil percatarse que estas experiencias han sido valoradas desde la misma visión egolatra que se buscaba erradicar al “abrir el tercer ojo”. Y que peor aún ahora están convencidas de que están completamente alejadas del “ego”. Esto me ha mostrado que sin duda para lograr esta visión trascendente lo primero que hay que hacer es cuestionarse a uno mismo la calidad con la que miramos el mundo. Así, de la manera más cruda posible. De otra forma, seguiremos solapando nuestras acciones y actitudes considerándolas como propias de alguien “más despierto o espiritual”.

Estoy convencido que el mundo actual no está del todo preparado para despertar. Vivimos cómodamente engañados y preferimos llenar la vida de quejas a actuar activa y conscientemente en nuestra vida. Sabemos que la vida no nos acomoda, pero no queremos cambiarla del todo; sólo nos basta “un poco más de comodidad” y ahí es donde entra lo que explicaba antes, las experiencias “místicas y cómodas” que “nos orillan” a cambiar el materialismo banal por el materialismo espiritual lleno de tapetes de yoga carísimos, ropa antiderrapante y el banco de meditación de la madera perfecta para hacerlo. Claro, sin olvidar ir al centro espiritual en la mejor zona de nuestra ciudad, donde seguramente la iluminación y la apertura del tercer ojo no huirá de nosotros. Que absurdos somos…

Si leemos con la mente y el corazón abiertos las historias de aquellos grandes seres humanos que gustamos llamar maestros veremos que si algo compartían es que no buscaban “volver más cómoda su incomoda existencia”; ellos lo que hacían era aventurarse a territorios inexplorados de su ser. Esos territorios que muchos les huimos y que preferimos quedarnos en la frontera segura, donde nuestro ego y nuestra vida actual -esa que no nos gusta- estén a salvo. Preferimos vivir engañados, porque es más fácil encontrar excusas en la ignorancia y ceguera que en la luz y visión clara.

El primer enemigo de ver las cosas desde otro punto de vista somos NOSOTROS y nadie más. Es nuestra cobardía a verdaderamente implicarnos en el sendero de la transformación. Por ello afirmo que no importa el curso, el centro, el libro, nada de eso importa; sino existe un verdadero ejercicio de honestidad y un deseo genuino de transformación. Si esto no existe, todo lo demás se vuelve un bonito accesorio para una vida vacía. Así que debemos decidir entre una vida tal vez bonita pero no necesariamente diferente, o una vida diferente que tal vez sea algo incómoda.

Con lo anterior quier justificar el porque al inició llame “incomprendido” al tercer ojo. No creo que no podamos llegar a acceder a esa maravillosa visión trascendente, sólo creo que debemos orientar de manera efectiva nuestra búsqueda, alejarnos de las falsedades propias y ajenas; además de generar un fuerte compromiso con nuestra vida. Creo al final una mente y un corazón abiertos al mundo serán el mejor obsequio.

Esto es lo que creo. No tengo otra intención que compartir, no pretendo ser ejemplo de nada ni de nadie, solo me interesa compartir porque creo alguien puede verse reflejado en mi experiencia.

Suerte con su tercer ojo y a trabajar amigos. Que sean felices.