La elección…una forma de vivir

¿Acaso hay algún momento en que no estemos decidiendo algo?

Si buscamos dar la respuesta más rápida a esta pregunta, seguro diremos que no. Que hay momentos en los que si decidimos, pero que sería imposible estar decidiendo todo el tiempo.

Pero lastimosamente debo decirles que la realidad no es así. Si lo pensamos con un poco más de detenimiento, nos daremos cuenta que nos guste o no; todo el tiempo estamos decidiendo. Entonces, ¿Dónde está el conflicto?

Lo más natural es pensar, primero en que no somos conscientes de que siempre estamos decidiendo, y segundo, en que naturalmente si ignoramos esto; nuestras decisiones estarán plagadas de equivocaciones o dudas.

Pensemos que hoy decidimos por fin asumir que siempre estamos decidiendo, entonces enfoquémonos en los lentes que nos ponemos al momento de decidir y que espero al final de este post les ayude a tomar las decisiones más adecuadas para su situación presente, pero sobre todo decisiones que les lleven a efectivamente una vida más feliz; pero genuinamente feliz.

Para escribir esto me he apoyado en un texto que leí en la página española tupsicologia.com y que a pesar de ser breve describe perfectamente las principales dificultades que los seres humanos podemos encontrar al decidir conscientemente. Además de reconocer me ha ayudado a tomar decisiones en mi momento presente ante las situaciones que la vida me ha presentado. Los mencionaré uno por uno, puntualizando en aquellos aspectos que considero así debe hacerse.

Error # 1 “Decidir impulsivamente”

Esto es básicamente decidir algo desde la posición de la urgencia; desde la necesidad de la prontitud de “resolver”. Al comenzar a decidir desde esta postura, necesariamente se pierden de vista las consecuencias (positivas o negativas) de nuestra decisión.

Esto a su vez disminuye la capacidad de razonamiento, análisis, atención y memoria; indispensables al tomar una decisión que sea adecuada. El tiempo es importante al momento de tomar una decisión, sólo en el sentido en que nos evita actuar impulsivamente y hacer uso de los recursos psicológicos personales en el análisis de la situación. El tiempo por sí mismo no servirá si no es usado en movilizar los recursos en pro de una decisión.

Pero… ¿Cuánto tiempo? Y, aquí surge el siguiente error.

Error #2 “Parálisis por el exceso de análisis”

Posponer “eternamente” o “casi eternamente” o “indefinidamente” o “quien sabe cuándo” una decisión es uno de los errores más comunes. Este puede tener su origen en varias razones. La primera de ella puede ser por el miedo a equivocarse. Este miedo lleva a la persona a elegir no actuar en favor de su seguridad, al menos de una sensación de protección. Como se puede notar no está mal sentir esa necesidad de seguridad, de hecho es saludable; el problema es que estamos hablando de toma de decisiones y un miedo mal trabajado solo paraliza a las personas. Una sugerencia para aliviar esa sensación de miedo sería, en la medida de lo posible, aclarar con la persona, o con la situación o con nosotros mismos la veracidad de ese miedo; muy posiblemente nos encontraremos con un miedo totalmente infundado o basado en pensamientos catastróficos, fatalistas o por lo menos falsos e irreales. El mejor antídoto contra el miedo es la comprobación de las bases que lo sustentan.

La segunda razón posible es un exceso de perfeccionismo ante la decisión. El error sustancial de este error radica en la exigencia hacía todas las posibles soluciones que forman parte de las decisiones. Es cuando a toda posibilidad se le encuentra un problema, pero basado en un perfeccionismo tal vez no consciente, pero que no por ello no actúa. Se hace evidente cuando nada parece ser correcto, es decir, ninguna decisión presenta una posible solución al conflicto. Todo es confuso, debido a la exigencia que hace ver como que nada es suficiente. Y si nada es suficiente, entonces, ¿para qué esperar a esa respuesta? Si seguramente no será suficiente.

La última razón radica en la falsa creencia de que se tiene que estar 100% seguro para decidir. Honestamente… ¿Cuándo estamos 100% seguros de lo que decidimos? Si como mencioné al inicio, a veces ni percibimos nuestras decisiones. Este estado es absolutamente ilusorio, puesto que nunca llegará, y no llegará porque la certeza al 100% no existe puesto que en todo hay un riesgo. Podemos pensar que toda decisión debe ser tomada asumiendo el porcentaje de riesgo que existe en ella. Entonces, si postergamos hasta estar 100% seguros, lo único seguro es que postergaremos indefinidamente, huiremos de la decisión y nos encontraremos en un constante estado de incertidumbre.

Error #3 “Creer que la opción “correcta” es la que no tiene inconvenientes”

Esto es una falacia, pues que si la perfección no existe; la opción que carece de errores o inconvenientes tampoco. En este sentido se nos sugieren 4 formas muy prácticas para evaluar las opciones, alejándonos de la ilusión de “la respuesta correcta”.

  1. Pensar en aquella opción que tenga la menor cantidad de errores posibles. Lo cual en sí misma es una dificultad, dependiendo de nuestra claridad de análisis. Pero aun así el esfuerzo vale la pena, al menos nos saca de la visión negativa que se suele tener al decidir; siempre basada en lo peor que puede pasar y no en lo que se puede ganar.
  2. Pensar en la opción en que los errores sean reversibles o tengan algún grado de solución. Esto es muy importante, y es básico observarlo en relación a nuestra propia capacidad de solucionarlos, como en la capacidad y compromiso de otros en hacerlos, en caso que así sea.
  3. Que la opción se encuentre dentro de la escala personal de valores. No se puede elegir algo que no esté dentro de lo que queremos ver en nuestra vida. Aquí es importante detenerse a evaluar si la opción a elegir nos muestra realmente eso. No engañarse bajo la visión del idealismo o del fatalismo.
  4. Muy importante es evaluar como más viable la opción en que los “errores” coexistan con las mejores ventajas. Eso nos saca de nuestro análisis parcial en el que todo se convierte en una posible fuente de dificultades. Será sorprendente ver cuantas cosas que parecían llenas de dificultades, en realidad no las tienen. Nosotros las creamos en nuestro análisis.

Error #4 “Optar por “A” y recrearte en las ventajas de “B”

Siempre hay más de una opción al decidir, eso lo sabemos. El conflicto que surge más allá de los errores anteriores, es que una vez ya parece ser que elegimos algo, o una parte nuestra lo hizo; hacemos todo lo posible por someternos al martirio de ver las “grandes ventajas” que la otra opción nos ofrecía. Y poco nos detenemos a dos cosas: ¿realmente son tan grandes esas ventajas? y ¿siquiera pensamos si pueden generarse en la opción que ya tomamos?

En términos de una decisión saludable psicológicamente lo mejor que podemos hacer es que una vez se escoja “A”, hay que poner el foco en las ventajas de esa opción. Enfocarse en las desventajas o en las ventajas de otra opción, no ayuda en nada y sólo te coloca en una sensación de inseguridad permanente. Se elige no ver lo que está presente, prefiriendo elegir ver lo que no está o enfocarnos sólo en los aspectos negativos. Honestamente… ¿Quién elegiría algo que se ve sólo negativo?  Dicen que la “mejor” decisión es aquella por la que se apuesta.

Error #5 “Usar el criterio: ¿tú qué harías en mi lugar?”

Esto nos brinda un alivio momentáneo puesto que depositamos la responsabilidad en el otro; al menos de forma imaginaria, puesto que el que ha de decidir somos nosotros. Lo que otra persona decide es válido única y exclusivamente en su lugar y situación particular, es decir, es contingente. Por lo tanto, no tiene por qué aplicar a nosotros, ni a nuestro contexto.

¿Qué haría un caballo si estuviera en el lugar de un pez? Si es un caballo consciente, seguro se daría cuenta que no es un pez y movilizaría sus propios recursos de caballo en lugar de buscar sumergirse en lo más profundo de un lago.

 Error # 6 “Escoger desde el miedo”

Escoger desde el miedo significa no decidir por lo que se quiere o puede conseguir, sino por aquello que se quiere evitar. Entonces la decisión estará cegada justo porque sólo tomamos una perspectiva de todo el panorama. Y además porque sólo elegimos ver la perspectiva que generalmente se ve más oscura, gracias a la acción del miedo. Recordemos que un miedo o temor mal elaborado lleva a paralizar en lugar de a actuar.

Otra cosa a analizar es desde donde nos situamos en relación al miedo. No es lo mismo tener miedo de un perro que tenemos enfrente, que jala con toda su fuerza una cadena y que además nos enseña sus colmillos; a tener miedo porque pensamos o sentimos que algo puede pasar. Uno está basado en la realidad y el otro en la mera fantasía, que por el solo hecho de ser fantasía es falsa.

Error #7 “Decidir en caliente”

La ansiedad, enfado e ira imposibilitan la toma de decisiones adecuadas. Nuestro cerebro cuenta con distintas secciones, cada una de ellas con una función específica. Las dos principales que nos interesan en este caso específico son: el cerebro límbico y el neocortex.

Si se está bajo el control del cerebro “límbico” o más instintivo (desde el que se gestan la ira, ansiedad, enfado, etc.) se estará decidiendo de forma “visceral” y no desde nuestro neocortex, que es donde radica el control de nuestras conductas, análisis, imaginación y planificación.

Lo ideal sería gestionar la emoción y después tomar la decisión, dicen “con la cabeza fría”. Les juro…suena más fácil de lo que es…pero tampoco es imposible. Es verdaderamente un trabajo de mucha práctica, pero totalmente posible.

Así que cuando estemos enojados, ansiosos o iracundos; lo mejor será reconocerlo y elegir no tomar decisiones, sabiendo que inevitablemente estaremos haciendo algo que realmente no sentimos hacer. Dicen que “todo acto gestado desde la violencia, inevitablemente lleva al arrepentimiento”. Si pensamos esto, nos ayudará a no juzgarnos, ni juzgar las acciones de los demás tan duramente como en ocasiones solemos hacerlo. Aspecto que por supuesto también interfiere en nuestra adecuada toma de decisiones.

Les he querido compartir y ampliar un poco este texto que encontré, porque estoy convencido que la toma de decisiones es uno de los aspectos fundamentales de nuestra vida; y también de los más desafiantes. He experimentado en carne propia las dos caras de las decisiones: la cara que basada en la ira me aseguraba hacía lo correcto y actualmente la cara que sin ponerle un velo rosa al mundo, me hace hacerme responsable de lo hecho y mirar que en muchas situaciones aquello que parece irresoluble, tiene una absoluta solución; sólo basta con decidir cambiar la mirada por aquella en donde dejemos de ver problemas en todas las soluciones, y abrirnos a la posibilidad de solucionar. Desde ahí comencemos a decidir.

Sean felices…

 

 

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