Sobre el apego…

“La mayoría de nosotros estamos básicamente preocupados por la felicidad en esta vida presente. Buscamos felicidad para gratificar nuestros sentidos. Siempre queremos ver personas atractivas u objetos hermosos, oír música que nos guste o escuchar palabras de elogio, oler perfumes maravillosos, gustar comida deliciosa y tocar objetos agradables.

La búsqueda de la felicidad de esta forma exclusiva en esta vida trae como consecuencia el resultado opuesto. Actuaremos de forma egoísta siempre que tratemos de asegurar los objetos a los que estamos apegados y librarnos de los que nos producen aversión. Por ejemplo, ¿por qué criticamos con ira a otras personas? Apegados a nuestra propia felicidad, arremetemos contra los que pueden destruirla. En ese momento, no nos importa si herimos sus sentimientos.

Otro ejemplo es cuando robamos. No nos sentimos a gusto con nosotros mismos. O cuando tenemos relaciones extramaritales, nos preocuparemos, mentiremos y pondremos excusas para ocultarlo.

Apegados a esta vida, tendemos a exagerar la importancia de ciertas cosas, pensamos cosas como “tengo que ganar tanto dinero para ser feliz”, y no descansamos hasta que conseguimos esa meta, y si no la conseguimos nos frustramos y nos sentimos intranquilos. Sobrestimamos la importancia del dinero y no nos damos cuenta de todas las cosas buenas de nuestra vida.

Cuando tratamos de dejar de anhelar a una persona u objeto hacia la que sentimos apego, nos enfrentamos a una difícil disyuntiva: nuestras emociones dicen: “quiero esto” y nuestro intelecto dice: “¡No, eso te perjudica!”. Esa batalla interna es inútil. En vez de librar esa lucha, podemos tomarnos un respiro, examinar nuestra vida y concluir que el apego hace que nos sintamos insatisfechos e infelices. Con esa prueba irrefutable de sus desventajas no querremos vernos envueltos en ello por más tiempo.

El apego sienta las bases para la insatisfacción. Cuando tenemos apego muy fuerte hacia algo o alguien, el pensar en su pérdida nos puede producir miedo o pánico. Debemos pensar que es nuestra mente la que proyecta a esa persona o cosa cualidades de belleza, pureza, perfección, etc.

Cuando entendemos los inconvenientes del apego, tomamos la determinación de liberarnos del aferramiento a la felicidad de esta vida y a todos los sufrimientos que trae consigo. Desde luego, aún querremos ser felices aquí y ahora, pero no estaremos obsesionados con obtener todo lo que pensamos que necesitamos y queremos.

Debemos reconocer que podemos experimentar una felicidad mayor que la que sentimos cuando estamos cerca de objetos maravillosos y personas atractivas, la Felicidad Suprema, la cual proviene de la transformación de nuestra mente.

El desapego es diferente de ser ascético, indiferente o descuidado. El desapego es un estado mental equilibrado, en el cual somos libres y enfocamos nuestra atención hacia lo que es realmente valioso.

Trabajando con el apego.

Es verdad que todos tenemos un auto centrismo innato que inhibe nuestro amor por los otros. Por lo tanto, como deseamos la felicidad verdadera que sólo una mente en calma puede obtener, y como esa paz se obtiene únicamente con una actitud compasiva; ¿cómo podemos desarrollar esto? Obviamente, pensar en lo que es la compasión no nos es suficiente, debemos hacer un esfuerzo conjunto por desarrollarla; tenemos que utilizar todos los hechos de nuestra vida diaria para transformar nuestros pensamientos y comportamientos.

Ante todo tenemos que tener claro que queremos decir con compasión. Muchas formas del sentimiento compasivo están mezcladas con el deseo y el apego; por ejemplo, el amor de los padres a los hijos está a menudo fuertemente asociado con sus propias necesidades emocionales, por lo tanto no es completamente compasivo; en el matrimonio, el amor entre la mujer y el hombre depende más del apego que del amor genuino, particularmente al principio.

La verdadera compasión no es simplemente una respuesta emocional, sino un firme compromiso fundado en la razón. Por lo tanto, la actitud compasiva sincera hacia los otros, no cambia si estos se comportan negativamente”

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Ser quien soy

 

¿Qué sucede que parece tan complicado el hecho de poner en sintonía nuestro pensar, hacer y sentir?,
¿De verdad es una tarea IMPOSIBLE de realizar?,
¿o es solo que no estamos dispuestos a dejar de ser quien pretendemos para ser quien realmente somos?,
¿Qué podríamos perder de aquello que hemos “ganado” si lo hacemos?,
o ¿será que realmente no hemos ganado nada, y romper con ese falso ser es romper con todo?

Como sea, el hecho es que cada vez es más complicado encontrar congruencia en la vida diaria. Ejemplos sobran en que decimos algo y hacemos otra cosa o, peor aún, hacemos y decimos algo pero totalmente carente del sentir que lo dote de un genuino significado personal. En otras palabras o no hacemos nada de lo que decimos, o no sentimos nada de lo que hacemos. Al final el conflicto resulta en que todo el tiempo estamos haciendo algo, y si lo que hacemos no tiene ni pies ni cabeza resulta natural que nuestra vida carezca de congruencia y coherencia, es decir, de una relación entre lo que pensamos, sentimos y hacemos, aunada a la sensación de continuidad que esto otorga.

La incongruencia radica en un conflicto interno en el que ciertas partes de nosotros (a veces más de dos) no parecen ponerse del todo de acuerdo en hacía donde van, sin importar lo que cada una de ellas pueda aportar al camino. En otro blog leí que es como ser un director de orquesta que no pretende que todos toquen el mismo instrumento, sino que toquen la misma melodía.

Muchos leerán esto y pensarán: ¿pero como le hago para ser congruente? Con esto me regreso a las dos últimas preguntas con la que abrí este post:

¿Qué podríamos perder de aquello que hemos “ganado” si lo hacemos?,  o ¿será que realmente no hemos ganado nada, y romper con ese falso ser es romper con todo?

Conseguir ser congruente implica realizar un esfuerzo consistente, no intermitente. Implica escuchar lo que tienen que decirnos todas aquellas partes que no podemos (o no queremos) escuchar.  Implica no solo escucharlas, sino hacerlas dialogar entre sí. O pensaban que solo con escucharlas ya iban a tocar todos la misma melodía, por supuesto que no; ese es nuestro primer conflicto. Todas esas partes tienen algo que aportar para avanzar el camino, pero en este avance también deben saber comprender que hay cosas que se necesitan dejar de lado para no atascarse. Cuando las partes en conflicto decidan abrirse al dialogo, tal vez descubran que o no sabían bien a donde iban y solo estaban jalando sin saber a donde (lo cual implicará cuestionarse el destino del camino) o entienden que pueden trabajar en equipo, respetando su visión pero integrando la visión del otro. Recuerden: “TODOS TIENEN ALGO QUE APORTAR”.

La congruencia no es fortuita, ocurre porque elegimos vivir fuera de las justificaciones y del autoengaño; retomando con ello el timón de nuestra vida. La congruencia es posible si así lo queremos, o mejor dicho, si así elegimos. No hay nada más insatisfactorio que conformarse con lo que tenemos en lugar de arriesgarnos a conseguir lo que deseamos con el corazón. Eso seguro traerá salud, lo otro sabemos a donde nos llevará. Ser congruente es difícil más no imposible, y aunque en el camino abra que soltar cosas (o hacer “sacrificios” si así lo quieren ver) les aseguro que una vida satisfactoria no se cambia por nada.  Así que hoy eligen o continúan pretendiendo ser alguien o se comprometen con serlo.

Es su decisión !
Sean felices !