Dejar de existir y comenzar a vivir

Vivir no es pasar un día tras otro sin siquiera percatarnos de la calidad de nuestra existencia, o en palabras de John Lennon “la vida es aquello que nos va sucediendo mientras estamos ocupado haciendo otros planes”. Apreciar la vida implica mucho más que “transitarla”, implica comprometernos con ella y abrirnos a sus experiencias. Les dejo cinco pequeños puntos que nos ayudan a dejar de simplemente existir y comenzar a vivir.

  1. Valorar cada instante.- En la vida siempre hay constantes experiencias iniciando y culminando. Aprender a apreciar cada instante de ella nos contacta con nuestra capacidad de ser agradecidos y nos coloca en una mejor posibilidad de absorber y asimilar el aprendizaje propio de toda experiencia. Sería interesante enseñarnos a valorar nuestras experiencias más allá de los juicios de valor (buenas y malas). Es nuestra elección si rechazamos todo cuanto nos sucede, o simplemente aprendemos a agradecer y valorar cada instante por el solo hecho de existir.
  2. Aceptar más y criticar menos.- La verdadera aceptación no es resignación. Una aceptación genuina implica el respetar a todo y a todos por el solo hecho de ser, sin anteponer ante ello si ello concuerda con lo que nosotros esperamos. Aceptar no es esperar; aceptar es abrirse. Si aceptamos más seguramente criticaremos menos, ya que normalmente la crítica proviene del desajuste (para “bien” o para “mal”) que existe entre nuestras expectativas y la realidad. Así que si integramos esta realidad tal y como es (la aceptamos), no existe en nosotros la necesidad de emitir alguna crítica, por positiva que esta nos parezca.
  3. Ser autentico.- No hay nada más dañino que vivir detrás de una máscara. Esto es peor cuando ni siquiera se está consciente de que se lleva puesta. Contactar con nuestra autenticidad implica el integrar y aceptar a nuestro ser todo aquello que nos gusta pero también lo que nos disgusta. Implica el conocernos en nuestra totalidad y sobre todo ser primero honestos con nosotros mismos. No se trata de hacer lo que queramos hacer, sino de ser quienes somos. Es quitarnos las máscaras y dejar de actuar “como sí”, tomando conciencia de quienes somos realmente y con ello tendremos la posibilidad de ver hasta dónde podemos llegar.
  4. Ser menos dramático.- Si todo cuanto vivimos es “malísimo, buenísimo, increíble, soberbio, terrible, horrible, etc”; es un buen momento de reevaluar la forma en que experimentamos lo que nos acontece. Vivir acostumbrado a observar todo en sus extremos solo nos lleva a perdernos de lo que realmente sucede, nos aleja del presente y altera las cualidades de toda experiencia. Con la consecuencia natural de que al alejarnos de las cualidades innatas de toda experiencia, la posibilidad de actuar funcionalmente en ella y absorber su aprendizaje se ve muy limitada. Dramatizar menos implica ver las cosas como realmente son y punto.
  5. Ser generoso.- Nada en esta vida hacer crecer más que el entregar a los demás. En este punto no quiero entrar mucho a explicar con palabras, y de hecho no sé si tenga las palabras para expresarlo en su totalidad. Mejor los invito a que la próxima ocasión que tengan oportunidad de compartir algo lo hagan, y se den cuenta como algo crece dentro de ustedes. Recuerden que cuando compartimos en realidad no perdemos, hacemos que todo se multiplique.

Aplicar estos puntos no nos garantiza una vida libre de problemas u obstáculos, pero si nos abre la posibilidad de estar presentes en cada momento de nuestra vida y con ello aprender y aprehender sus enseñanzas.

Sean felices

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