Yo soy… inter-somos

Fritz Perls decía…

“Yo soy yo, tú eres tú;
yo hago lo mío, tu haces lo tuyo.
No estoy en este mundo para cumplir tus expectativas,
tú no estas en este mundo para cumplir las mías.
Si nos entendemos, es hermoso;
si no, no se puede remediar”

Y Thich Nhat Hanh complementa…

“Tu eres yo, y yo soy tú;
¿no es evidente que inter-somos?
Tú cultivas la flor en ti mismo,
Para que así yo sea hermoso.

Yo transformo los desperdicios que hay en mi,
para que así tú no tengas que sufrir.

Yo te apoyo;
Tú me apoyas.
Estoy en este mundo para ofrecerte paz;
Tú estás en este mundo para traerme alegría”

La vida plena auténtica se compone no solo de la felicidad de uno mismo, sino del compartir está con quienes nos rodean. ¿No es evidente que inter-somos?, pero que para ello hay que preocuparnos primero por ser.
Sean felices

¿Necesidad o deseo?

Una vez degustados los placeres: “No perduran, no se acumulan,
no evolucionan, no se conservan y no fructifican, se desvanecen…
cuando la sensación de soledad es muy grande la necesidad
de sentir placer es igual o más grande…”

Les comento un poco de donde ha surgido la idea de este post. En los últimos días he tenido que realizar diversos cambios en mi vida, muchos de ellos relacionados con la inevitable adquisición de elementos materiales. Esta búsqueda me llevo a realizarme la pregunta que da título a este post: ¿que tanto de lo que busco realmente necesito y que forma parte de un deseo apegado a dicha necesidad?

Todos en esta vida tenemos necesidades, todos. No quiero ponerme a enumerar cada una de las necesidades que existen en el ser humano, ya que serian tantas como seres humanos existen en la tierra. Pero si voy a retomar una de las clasificaciones más conocidas sobre las necesidades del ser humano, me refiero a la pirámide de Maslow.

Abraham Maslow decía que el ser humano requiere de la satisfacción de sus necesidades más básicas (que coloca al inferior de la pirámide) para después ir buscando la satisfacción de necesidades más elevadas (parte superior de la pirámide).

File:Pirámide de Maslow.svg

He de decir que no estoy de acuerdo en que  la evolución de un ser humano sea de forma piramidal tal como lo propone Maslow, ya que de ser así implicaría que todos nos desarrollaríamos de una u otra forma “incompletos” y nos veríamos absolutamente limitada nuestra potencialidad como seres. Yo prefiero pensar en un desarrollo simultaneo y continuo en donde la satisfacción de algunas necesidades implicará el congruente crecimiento en otras áreas del ser y por lo tanto auxiliara a cubrir otras necesidades; pero no creo nunca que tenga necesariamente que ser de forma jerárquica y lineal. Pero bueno, este post no esta hecho para discutir la teoría de Maslow, que como toda teoría tiene es limitada; pero no por ello hay que despreciarla.

Lo que realmente me interesa retomar de ella es la clasificación de necesidades que enumera, lo cual me parece esta muy bien estructurada. Maslow nos decía que todos tenemos necesidades básicas como son  el respirar, el beber agua, la alimentación, el dormir, el eliminar los deshechos corporales, el evitar el dolor, el tener relaciones sexuales, el mantener la temperatura corporal a través de la vestimenta, etc.  En resumen todas aquellas necesidades que mantienen el funcionamiento básico del ser.

Después menciona la necesidad de sentirnos seguros y protegidos en todos los aspectos . Después viene la necesidad de relacionarnos con otros en toda forma de relaciones interpersonales que puedan imaginarse. Continua la necesidad de estima de uno mismo y de los demás; es decir, por un lado la necesidad de valorarnos y ser valorados; pero también la necesidad de valorar a otros.  Por último menciona la necesidad de autorrealización o de alcanzar nuestro desarrollo más elevado, como cada quien interprete esto.

Estaremos de acuerdo entonces que todos en mayor o menor medida hemos contactado con estas necesidades en nuestra vida, pero sobre todo con el interés de satisfacerlas para sentirnos “bien”. Y entonces depositamos todo el poder de hacernos “sentir bien” a la satisfacción de ellas, lo cual no esta del todo “mal”, el problema es que muchas veces detrás de nuestras aparentes necesidades se encuentran puros y banales deseos.

Para explicarme regresaré a cada una de las categorías mencionadas. Tenemos primero las necesidades básicas. Pensemos cuantas veces hemos hecho un drama porque no hemos podido ir a comer a ese lugar determinado y entonces hemos llegado al punto en que dejamos de comer o comemos molestos, sin pensar que eso afecta a nuestra alimentación. Si se nos antojo comer cierto tipo de platillo en cierto restaurante, toda nuestra energía estará enfocada solo en ese restaurante y esa comida, limitando con ello nuestra capacidad de probar otras posibilidades o incluso el mismo platillo en otro lugar. Si quiero dormir, no basta con hacerlo “cómodo”; queremos siempre hacerlo en ese colchón que nos anuncian cada 5 minutos por la televisión y donde observamos que quien duerme en él mágicamente esta feliz y totalmente descansado; que solo pega la cabeza al colchón y cae en un profundo y reparador sueño. Entonces cuando vamos a comprar nuestro colchón, solo queremos el de la tele con la falsa esperanza de dormir como “el que sale en el comercial”. O queremos solo aquella recámara que vimos y solo ella se verá “bien” en nuestra recámara; o solo esa recámara en ese color, no hay más.

Ahora pensemos en que hay una persona que nos gusta demasiado y con la cual fantaseamos. Solo existimos para esa persona y no hay nadie más. Es decir, creamos un apego hacia esa persona y esto nos lleva a creer que solo ella nos puede satisfacer o en casos extremos a ver “señales” en ella que dictan que también fantasea con nosotros. En ocasiones este deseo llega a sobrepasar tanto a la necesidad que hay quienes llegan a transgredir violentamente la vida sexual de otros, pensando solo en la satisfacción de su supuesta necesidad sin darse cuenta que detrás de esta esta esta no solo el deseo enfermizo de poseer a esa persona como si se tratase de un objeto; sino la agresión implícita que esto lleva hacía otro ser humano. Este es un ejemplo de hasta donde se puede llegar a confundir el deseo con la necesidad.  Por supuesto está el lado menos drástico, dañino y enfermizo (por lo menos hacía los demás, pero no así hacia nosotros) de confundir este deseo desmesurado con la necesidad, que es cuando creemos que existe solo una persona que puede hacernos felices y que solo con ella podremos establecer una relación de pareja; o pensamos que solo cierto tipo de personas “son para nosotros” y descalificamos a todos los que no entran en esa categoría. Esto hace que muchas veces creamos en la idea de que el amor “debe doler” y no es así, solo que confundimos “apego y deseo enfermizo” con “amor”. La necesidad es amar y ser amados, pero no amar y ser amados solo por quien nosotros queremos, esa es una visión muy limitada del amor.

Continuando con las otras categorías pensemos cuantas veces creemos que solo existe una posibilidad de sentirnos seguros, o mejor dicho; solo existe una cosa en este mundo capaz de brindarnos esta seguridad, y muchas veces es un medio externo como alguna persona, sociedad u objeto. Esto se relaciona con la idea que a veces concebimos de solo querer relacionarnos con “cierto tipo de personas”, lo que conlleva no solo a una limitada vida social (limitada tal vez no en tamaño, pero si en calidad) y lo más grave a un desprecio por todos aquellos que no entran en nuestra “sociedad favorita”. A partir de esto no solo creamos un endeble sentido de pertenencia, sino una limitada calidez humana; separando “nuestro” mundo del mundo de “los demás”.

En relación a la categoría de la estima hacía uno mismo y hacía los demás hay un ejemplo muy sencillo: el valorarnos o valorar a los demás solo por su aspecto. Pensemos cuantas veces nos hemos visto frente a un espejo y quisiéramos que nuestra proyección fuera diferente a la que vemos. Y en realidad este no es el problema, todos podemos no gustarnos en algo y querer cambiar; el problema radica en que creemos que solo seremos felices o nos sentiremos “bien” cuando este cambio suceda y mientras estamos en todo nuestro derecho de despreciarnos. De aquí proviene lo que conocemos como “baja autoestima” o la baja capacidad de estimarnos (querernos) a nosotros, tal y como somos. Si podemos desear cambiar algo, pero primero debemos querernos y aceptarnos tal y como somos. De lo contrario es casi seguro que cuando logremos ese cambio después queramos más y más; observen a aquellas personas que se realizan cientos de cirugías estéticas y nunca parecen estar satisfechas. Aquí por supuesto de nuevo nuestro entorno directo como la familia, amigos, pareja, etc., e indirecto como la televisión, las revistas, el radio, etc., juega un papel muy importante y sumamente dañino. En ambos casos se nos plantean muchas veces exigencias que van más allá de nuestras capacidades y que nos hacen creer que de no conseguirlas entonces “viviremos mal” o “todo saldrá mal”. Los medios por ejemplo nos presentan la falsa ilusión de que existen los humanos físicamente perfectos y que ademas parecen ser muy inteligentes;  reitero que no digo que no podamos aspirar a vernos mejor o “pensar” mejor o ser “más inteligentes”; el problema es que se nos presenta como la única posibilidad de éxito en la vida y todo lo que se aleje de ello conduce entonces al fracaso. Aquí es donde podemos encontrar una respuesta a tantos casos de bulimia, anorexia y suicidios que escuchamos de personas que al no sentirse “parte del mundo” que los demás les imponen encuentran en la autoagresión la única solución. Triste pero verdadero.

Con respecto a esto el budismo nos dice que debemos cuidar todo aquello con lo que nos alimentamos, porque de ello es de donde obtendremos los nutrientes que cimienten nuestra vida .  En este sentido los medios que nos bombardean todos los días con falsas esperanzas son los grandes aliados de los deseos desmesurados y enfermizos. Nos muestran un mundo “ideal” al que solo se accede si se compra o se hacen las cosas como ahí aparecen. Y no solo pasa esto con los medios, quienes nos rodean también van introyectando en nosotros ciertas ideas de que las cosas “deben” y “tienen” que ser de tal o cual manera, de lo contrario “no sirven” y habrá que desecharlas. Inconscientemente vamos generando en nuestra mente la noción de que todo tiene solo una forma de realizarse, que todo debe de ser 100% perfecto y que de no ser así será “muy malo” y esto justifica que nos “pongamos mal”. Un circulo totalmente vicioso, ¿no les parece?.

 Por último esta la necesidad de autorealización, y yo la voy a retomar desde dos aspectos en los que estoy muy en contacto: lo espiritual y lo profesional. Por un lado vemos como en la actualidad pareciera que la espiritualidad es solo para los sectores económicamente más elevados. Pareciera como si para lograr la iluminación hubiese que pagar nuestro respectivo retiro de 10,000 pesos y ya; iluminación garantizada. O que para “ser maestro” de yoga bastase con muchas certificaciones de muchos ceros en la “inversión”; o que si llevo mi mat de yoga de tal o cual marca seré un “mejor” yogi que el otro (por cierto haber si alguien me explica como se determina si se es “bueno o malo” en la práctica del yoga). O que solo por pagar un boleto para ver y “escuchar” a  nuestro “guru” espiritual (que por cierto se presenta en lugares lujosos y claro con entradas bastante caras) nos hiciera inmediatamente “mejores” personas y claro más espirituales.  En fin pareciera que ahora si a mayor dinero o lujo mayor el grado de espiritualidad. Esto genera la falsa idea de que la necesidad de autorealización espiritual solo será conseguida mediante un pago elevado o con maestros de “renombre” internacional o con “muchas” certificaciones. De nuevo esto genera el deseo de solo buscar lo que contacte con esta característica y de ignorar e incluso despreciar lo que no sea así.  Lo cual es muy muy triste, pero sobre todo contrario a lo que la espiritualidad promueve. Yo he visto a personas “muy espirituales” aventarles el carro encima a otras personas, lo que me lleva a pensar que su supuesta necesidad espiritual no es otra cosa que un deseo de mantener una imagen ante la sociedad o ante sí mismos. Pero también he leído de otras personas que por ejemplo mencionan que no han visto personas más felices y espirituales que los más “pobres” (económicamente) de la India. Ellos han comprendido que la espiritualidad no se encuentra en nada externo, sino en la práctica diaria. Lo cual me lleva a reflexionar ¿quien será entonces el pobre, ellos o nosotros? o como una famosa frase dice “no es mas rico quien más tiene, sino quien menos necesita (desea obsesivamente)”

Por otro lado esta el desarrollo profesional en donde vemos como se nos vende desde pequeños la idea de que solo si tenemos una carrera profesional seremos felices y tendremos la vida arreglada. No basta con estudiar algo, tenemos que estudiar tal o cual carrera. Nuestra razon de estudiar entonces se nos introyecta no es la de desarrollarnos, sino la de acumular más. Esto lleva a que a la larga nos veamos atrapados en una realidad profesional que nos es totalmente ajena e incluso destructiva, pero que somos incapaces de salir de ella porque “debemos” cumplir la misión que se nos ha impuesto. En otras palabras, se nos enseña a dejar de escucharnos y seguirnos para escuchar y seguir solo los mandatos de los demás. Dejamos de lado nuestra necesidad de autorealización para cumplir el deseo profesional que nos han dicho es el correcto o el  “mejor”. Piensen cuantos de nosotros hemos pasado por esto varias veces.

Pero bueno todos estos ejemplos intentan ejemplificar como es que cotidianamente confundimos una necesidad con un deseo. No es que debemos aniquilar completamente el deseo de nuestras vidas, ya que hay deseos que nos llevan a superarnos y son en ese sentido constructivos. Lo que se propone es resignificar el deseo. Dejando de lado la concepción cotidiana que nos lleva a creer que solo existe una opción que podrá satisfacer nuestra necesidad, que esta es la única que puede hacernos sentir bien y que solo por ella debemos luchar y sino la conseguimos entonces la necesidad no se verá satisfecha.  Y cambiarla por una visión más útil en donde el deseo sea visto como una posibilidad más dentro del infinito numero de posibilidades, que si esta no se da no pasa nada y que ademas es posible que dentro de las otras posibilidades que no forman parte del deseo también exista otra que satisfaga nuestra necesidad. Esta visión nos lleva a asumir una actitud más flexible ante todo y sobre todo a reconocer nuestras verdaderas necesidades de nuestros deseos.

Todos necesitamos comer pero ¿realmente hace falta solo comer en ese lugar y esa comida?, no verdad. Todos necesitamos dormir, ¿pero solo dormiré profundamente en ese colchón?, no verdad. Todos necesitamos relacionarnos con otros pero ¿solo con esa persona o ese grupo de personas?, no lo creo. En resumen, necesidades habrá pero debemos estar alerta de cuantas de nuestras necesidades realmente lo son y cuantas han sido creadas por nosotros o por los demás a partir de deseos.  Confundir nuestros deseos con las necesidades generará la idea de que las cosas “deben” ser y “tienen” que ser como lo dictan nuestros deseos, cerrando con ello todas opciones alternas. Con esto solo logramos frustrarnos, enojarnos y sobre todo, no disfrutamos de nuestra vida. Vivimos presa de nuestros deseos incumplidos, en lugar de apreciar y agradecer nuestras necesidades satisfechas.

Como mencione anteriormente el budismo dice que nos alimentamos no solo por la boca sino a través de todos los sentidos. Así que podríamos comenzar a ser conscientes de lo que permitimos “nos nutra”; no todo lo que nos rodea nos ayuda. No se trata de recluirnos y huir del mundo, solo se trata de reconocer la verdadera naturaleza de las cosas, y reconocer cuando algo nos puede beneficiar y cuando nos perjudica. Recuerden que si bien no podemos controlar al mundo, si podemos controlar nuestras decisiones. De alguna manera aquí aplica la trillada frase de “tu eres lo que comes”.

Habrá quien piense que no tiene problema con desear desmesurada y obsesivamente; a lo que yo respondería entonces que  tome conciencia de que en  el intento de ir tras ese deseo, es muy probable que se requiera de mas recursos de los que tal vez la satisfacción nuestra simple necesidad implicaría. Que hay que hacernos responsables de ello y asumir las consecuencias que esto traiga. Si se toma en cuenta esto, entonces adelante; al menos ya se sabrá que estamos tratando con un deseo y no con una necesidad. Pero siempre esta el riesgo de que esto se vuelva un hábito, pero repito cada quien es dueño de sus decisiones; pero también lo es de sus consecuencias. Recordemos que la función del deseo es esa “desear” y no satisfacer. Y es probable que al satisfacer solo nuestros deseos desatendamos nuestras verdaderas necesidades. Pero también que como el deseo no satisface nada, cada vez habrá más y más deseos. Y con su incumplimiento más y más insatisfacción, ¿realmente queremos esto?

Entonces hoy quiero invitarlos no ha dejar de desear, sino a revalorar y resignificar sus deseos pero sobre todo a tener siempre los pies bien plantados en la tierra y a tener su conciencia abierta sobre lo que realmente necesitan en la vida para ser felices y a dejar de cargar todo aquello que aunque pudiera producirnos un placer momentáneo  a la larga solo nos traerá más pesar.  No e trata de dejar de desear, sino de cambiar nuestra relación y actitud hacia nuestros deseos; viéndolos como posibilidades y no como deberes. Vivimos en un mundo lleno de posibilidades  ¿realmente vale la pena perder el tiempo fijándonos solo en una?, no lo creo. Vale más ser flexibles y permitirnos vivir y experimentar la vida. Solo así aprenderemos de ella y realmente lograremos un desarrollo integral y humano.  Si cambiamos nuestra relación con los deseos y las necesidades, nos daremos cuenta que no debemos prescindir de ellos, que son parte de la vida y les aseguro que serán disfrutados en su justa medida, sin atribuirles algo distinto de lo que pueden ofrecernos; lo disfrutaremos en el aquí y ahora, tal y como son, agradeciendo su presencia y reconociendo la efímera existencia de la felicidad que nos brindan, dejando de basar nuestro bienestar solo en su alcance. Ahora los invito a releer la frase con que inicia este post, les puedo asegurar tendrá un nuevo significado.

Sean felices !!!

El hilo rojo que nos une

 

En Japón se tiene la creencia de que existe un tenue hilo rojo atado al dedo meñique de todas las personas que se encuentran destinadas a unirse en algún momento de la vida.  Este hilo permanece atado a pesar del tiempo, la distancia y las circunstancias de vida. Una frase famosa dice que “el hilo puede enredarse o tensarse, pero nunca puede romperse”.

Esta creencia surge cuando se descubre que el dedo meñique se encuentra conectado al corazón por la arteria ulnar.  De aquí fue que se comenzó a decir que el “hilo rojo” de los dedos meñiques unía los corazones y con ello las emociones y el interés de compartir el ser con otras personas.

Se dice que cada noche un anciano que vive en la luna baja cuando todas las personas duermen, busca a aquellas que esten destinadas a unirse en la tierra y ata sus dedos meñiques con un hilo rojo.

 

Así que la próxima vez que se sientan ligados a otra persona de una forma especial, consideren que talvez existe entre ustedes un hilo rojo que los lleva a estar unidos en esta y otras vidas.

Sean felices