La Conciencia Perfecta

En la séptima rama del Noble Sendero Óctuple se explora el tema de la conciencia, pero sobre todo la evolución de la misma en diferentes “niveles” para llegar a un estado de Atención Consciente Perfecta.

Si se quiere explicar el término “conciencia” o “atención consciente” es muy probable que se encuentren cientos de diferentes explicaciones, ninguna mala o errónea, pero si con sus particularidades. Así que para comprender el término desde la perspectiva budista, retomaré un ejemplo que brinda Sangharákshita y que nos deja más claro a que nos referimos con Atención Consciente.

“Supongamos que estamos escribiendo una carta. Es una carta urgente que debe enviarse sin demora en el próximo correo. Pero como a menudo sucede, suena el teléfono: es un amigo que quiere platicar un poco. Antes de darnos cuenta, ya estamos involucrados en una larga conversación. Continuamos platicando quizás durante media hora y finalmente colgamos el teléfono. Hemos hablado de tantas cosas que casi nos hemos olvidado de lo que escribíamos en la carta, y además sentimos mucha sed. Así pues, nos damos una vuelta por la cocina y ponemos la tetara al fuego para prepararnos una taza de té. Mientras esperamos que hierva el agua oímos el sonido de la radio de nuestro vecino y pensamos que nosotros también podríamos escuchar música. Vamos corriendo, encendemos el radio y empezamos a escuchar una canción tras otra. Así pasa el tiempo y, lógicamente, nos hemos olvidado del agua de la tetera que está hirviendo. Justo estamos en medio de todo este atolondramiento cuando oímos que alguien toca la puerta: es otro amigo que ha venido de visita.  Como estamos muy contentos de verle, nos sentamos a platicar, y en un momento dado queremos ofrecerle una taza de té.  Vamos a la cocina y la encontramos llena de vapor. Entonces nos acordamos de que habíamos puesto la tetera al fuego hace un rato, y eso nos hace recordar la carta que escribíamos. Pero ya es demasiado tarde, el correo ya ha salido”.

Este ejemplo es uno en donde se observa una falta de atención consciente. Esto es más común en nuestra vida diaria de lo que creemos, en realidad gran parte de nuestra vida transcurre en este tipo de desatención caótica y descuidada.  Si analizamos la situación del ejemplo (o cualquier otra que se le parezca) encontramos primero el simple hecho de la falta de memoria, que es parte importante de la desatención.  Pero, ¿porque olvidamos tan pronto?

Olvidamos muy pronto porque nos distraemos muy pronto. Nuestra mente se desvía fácilmente. 

Así es, nos guste o no reconocerlo nuestra concentración es débil y difícilmente nos concentramos plenamente en lo que hacemos sin que otra cosa nos distraiga.  No contamos con una continuidad de propósito y por lo tanto no existe “algo” que permanezca inalterado por las cosas que hacemos. Fácilmente pasamos de una cosa a otra, de un propósito a otro, de un deseo a otro.  Como dice Sangharákshita: “Debido a que no existe continuidad en nuestro propósito, dado que no nos entregamos a una sola cosa todo el tiempo, no existe una verdadera individualidad. Somos una sucesión de personas diferentes, todas ellas más bien frustradas, por no decir rudimentarias. No hay un crecimiento regular; no hay un desarrollo auténtico ni una evolución verdadera”.

Entonces podemos decir que la desatención tiene como características la falta de memoria, la distracción, la pobre concentración, la falta de continuidad de propósito y la ausencia de individualidad verdadera. La atención consciente tiene claro está las características contrarias. Es un “estado de memoria, de no distracción, de concentración, de continuidad y constancia de propósito y de individualidad en el continuo desarrollo”.  Estas características no son las únicas de la Atención Consciente, pero si nos dan una buena base para continuar con el tema y entender de que se habla.

Como decía la Atención Consciente posee cuatro niveles que buscan dar una noción más precisa de la profundidad verdadera de ella. Estos son:

  1. La atención consciente en las cosas.
  2. La atención consciente en uno mismo.
  3. La atención consciente en los demás.
  4. La atención consciente en la Realidad.

La atención consciente en las cosas…

La atención consciente en las cosas hace referencia a todo nuestro entorno material.  La mayor parte del tiempo somos solo vagamente conscientes de las cosas que nos rodean y no gozamos mas que de una atención a nivel general. Pocas veces o en nulas ocasiones poseemos una conciencia profunda de nuestro entorno y de todo lo que nos rodea. Pasamos junto a muchas cosas en nuestro andar diario, pero si acaso solo las vemos pero nunca las observamos. Por supuesto tenemos nuestro pretexto: “no tengo tiempo, estoy muy ocupado”. Y esto nos debiera llevar a una pregunta: ¿para que sirve la vida si no tenemos tiempo de observar las cosas? Piénsenlo.

Incluso cuando creemos darnos el tiempo de observar las cosas o mirar algo, difícilmente vemos las cosas en sí. Lo que normalmente vemos, es la proyección de nuestra propia subjetividad.  En otras palabras “miramos al mundo a través de las cortinas de nuestra condición mental”. Sangharákshita pone un ejemplo: “Hace unos años, en Kalimpong, fui a dar un paseo con un amigo de Nepal y nos paramos al pie de un pino espléndido. Al mirar el tronco liso con aquella cantidad de hojas verdades, no pude evitar exclamar : “¡Que árbol tan maravilloso!” Mi amigo dijo: “¡Oh, si es maravilloso! Hay suficiente leña para todo el invierno”  Mientras Sangharákshita observaba al árbol como árbol, su amigo observaba al árbol como leña. A esto es a lo que se hace referencia al decir que vemos el mundo a partir de nuestras proyecciones mentales y pocas veces vemos las cosas tal y como son. Pocas veces miramos el árbol como árbol, y tendemos a contaminar nuestras visiones con las huellas de nuestra subjetividad, preferencias o deseos.

Debemos aprender a ver, a mirar, a ser conscientes , para de esta manera volvernos sumamente receptivos del mundo. Como consecuencia de esto, nos invadirá una sensación de fusión con el entorno y a través de esta fusión comprenderemos mejor su naturaleza, alejándonos de nuestras proyecciones mentales.

La atención consciente en uno mismo…

Este nivel a su vez tiene tres subniveles. El primero de ellos nos habla sobre la conciencia en el cuerpo y sus movimientos.  Se nos invita a ser conscientes de nuestro cuerpo mientras caminamos, estamos sentados, acostados, etc. Esto nos lleva a evitar actuar de forma precipitada, confusa o caótica.  Si se ejercita la atención consciente en el cuerpo y sus movimientos de una manera constante y prolongada, se lograra que la rapidez de los movimientos disminuya. Nuestro andar no solo físico sino en la vida será mas estable y rítmico. A través de nuestro cuerpo comprenderemos la importancia de la estabilidad y continuidad de propósito. Al hacer las cosas con calma y consciencia, lograremos mucho más que aquel que hace las cosas con premura.

El segundo nivel nos invita a ser conscientes de nuestras emociones.  Se refiere a percatarnos si estamos contentos, tristes o en un estado que no podemos explicar (si, también existen).  Si somos conscientes de nuestra vida emocional, se observará que las emociones diestras surgirán con mayor frecuencia y las torpes disminuirán su presencia. Al desarrollar atención consciente hacía ellas sabremos primero como nos sentimos, como nos hemos sentido y como nos estamos sintiendo con fines preventivos.

El tercer nivel  nos invita a ser conscientes de nuestros pensamientos.  Normalmente permitimos que la mente se deje llevar por la corriente de pensamientos y pocas veces tenemos conciencia real de los pensamientos que tenemos. No poseemos la capacidad de dirigir nuestros pensamientos hacía un fin. Nuestras ideas fluyen mas que de forma libre, de forma caótica.  La invitación entonces se dirige a aprender a observar, momento a momento, para ver de donde vienen los pensamientos y a donde van. Si hacemos esto con constancia, nos daremos cuenta que poco a poco nuestro discurso mental rumiante se detendrá. La mente permanecerá en silencio, lo cual no es tarea sencilla de lograr y para ello la meditación puede ser nuestra aliada.

Estos tres subniveles de la atención en nosotros mismos deberían ser practicados durante toda la vida, en todo momento y en todo lugar.  Si hacemos esto de forma inevitable veremos como de forma gradual nuestro ser será transformado.

La atención consciente en los demás…

Si es que tenemos algún tipo de conciencia de los demás, normalmente es como “objetos o cosas” que nos rodean o como “elementos físicos que interfieren con nosotros”.  Para lograr tomar conciencia plenamente de los demás como seres, Sangharákshita propone un ejercicio que consiste en simplemente sentarse frente a otra persona y  mirarse mutuamente. Sin que exista comunicación verbal alguna, solo observar la esencia del ser sentado enfrente. Inténtenlo y se darán cuenta que la mayor dificultad no es no reírse o evitar la pena, sino lograr observar a plenitud a otro ser.

Si logramos tomar conciencia de los demás tal y como son, alejado de la cortina que nubla nuestro entendimiento, seguramente nuestras relaciones y nuestra vida en general tomara un rumbo más benéfico.

La atención consciente en la Realidad..

Consiste en una forma directa y no discursiva de contemplación.  Podemos contemplar esta realidad a partir de la figura de los seres iluminados. Tomando conciencia interior de la apariencia externa de los maestros iluminados podemos después evocar en nuestro interior la esencia espiritual y los atributos de un iluminado, logrando un atisbo de conciencia en la realidad.  Es intentar acceder a la realidad a partir de la imagen resplandeciente y lúcida de un iluminado.  Esta es solo una forma de contemplar la realidad.

Al final, la atención consciente en la realidad implica tomar plena conciencia de las ramas del Sendero Óctuple hasta ahora mencionadas. Observar todas y cada una de ellas en la vida cotidiana, no de forma conceptual, sino desde una esfera profunda que accede a la vida más allá de la mente ordinaria. De aquí que la atención consciente a la Realidad es el nivel más difícil de mantener, ya que fácilmente podemos perder la esencia de la vida. De hecho se dice que solo un ser iluminado accede en su totalidad a la plena conciencia de la Realidad.  Por ello en ocasiones las palabras de un iluminado pueden parecer sencillas pero a la vez con una profundidad sorprendente. Se dice que ellos ven la Realidad desde una perspectiva totalmente diferente, la ven desde una visión más natural, sencilla, lúcida y despierta; alejados de todas las concepciones usuales del mundo. En otras palabras no ven el mundo desde su perspectiva, ven el mundo tal y como es. Como será eso, lo desconozco pero para ello se practica.

Cada uno de estos cuatro niveles principales de atención consciente mencionados poseen su efecto particular. Sangharákshita lo explica de la siguiente manera: “A través de la atención consciente en las cosas nos liberamos del velo de la subjetividad. La atención consciente en uno mismo purifica nuestra energía psicológica. La atención consciente en los demás nos estimula y la atención consciente en la Realidad nos transmuta, nos transfigura y nos transforma”.

Todas ellas contribuyen al proceso de evolución superior y nos acercan a la última rama del Sendero: el Samadhi Perfecto.

Sean felices.

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Invitación a grupo de meditación en Cuautitlán Izcalli

Saludos

Escribo para invitar a todos a formar parte de un grupo de meditación. No necesitan haber practicado meditación antes o conocer sobre ella. Solo les pido compromiso y una actitud activa ante esto. Si les interesa formar parte de este grupo que estará pronto iniciando actividades en la zona de Cuautitlán Izcalli envíen un email con todos sus datos a vive_mejor@live.com

Nosotros nos ponemos en contacto con ustedes.

Sean felices

El Esfuerzo Perfecto

El Esfuerzo Perfecto es la sexta rama del Noble Sendero Óctuple y representa un retorno al desarrollo de la volición individual pero sin el abandono de la esfera social. El Esfuerzo Perfecto no es aplicable solo a un aspecto de la vida, abarca toda la diversidad de la vida consciente. Sangharákshita nos dice que “el Esfuerzo Perfecto dirige nuestra atención hacía un punto muy importante: la vida espiritual es activa”

Si, así es; la vida espiritual es activa. Y lo es en el sentido que implica mantenerse activo mental, espiritual e incluso físicamente. No se refiere a desgastarse “haciendo cosas” a prisa de forma inconsciente; no. Se refiere a un genuino compromiso con el desarrollo espiritual de forma diligente y sostenida. No con arranques de excitación espiritual que nos lleven a meditar por horas, o a leer y leer, o ver y ver o lo que sea. Además de esto el esfuerzo como tal es requerido en todas las ramas del Noble Sendero Óctuple; de lo contrario no iríamos avanzando por ellas. El Esfuerzo Perfecto como rama nos brinda ejercicios prácticos para mantener el esfuerzo de forma correcta a lo largo del sendero y en la vida diaria.

Y sobre esto y su relación con el Budismo Sangharákshita dice: “El Budismo es para los que están dispuestos a realizar un esfuerzo, para los que quieren hacer algo. Por supuesto, se puede fallar quizás 10 o 20 veces, incluso 100 veces, pero no importa mucho. El Budismo no es para aquellos que solamente están preparados para descansar cómodamente en un sofá leyendo acerca de todos los esfuerzos que han realizado otras personas. El Budismo no es simplemente leer acerca de todos los esfuerzos de los demás, sino estar preparado para realizar por lo menos un mínimo esfuerzo por nuestra parte”.

Anteriormente mencione que en la rama del Esfuerzo Perfecto existían ejercicios prácticos a realizar que orientaban nuestro esfuerzo, o le daban un objeto del cual asirse. Estos son 4 ejercicios que poseen objetivos específicos pero todos buscan establecer un trabajo consistente sobre la mente y sus contenidos. Pero antes de describir estos 4 ejercicios quisiera mencionar algo que es de suma importancia y para ello me ayudo en las palabras de Sangharákshita: “si queremos practicar los 4 ejercicios al menos debemos intentar vernos como somos en realidad. De este modo sabremos que es necesario prevenir o erradicar, desarrollar o mantener. Debemos emprender una especie de inventario mental de nuestros propios estados mentales diestros y torpes, de nuestros vicios y virtudes. Aunque esto no implique valores morales absolutos, debemos al menos comprender, con seriedad y honestidad nuestra propia mente o nuestros propios estados y cualidades mentales antes de poder pensar en aplicar los 4 ejercicios”. Esto busca promover un cambio orientado, logrando un verdadero desarrollo. Puede que lo que nos encontremos “no nos  guste”; pero con ello es con lo que debemos comenzar a trabajar. No podemos trabajar con falsas ideas o con ideales.

El primero de estos cuatro ejercicios nos invita a prevenir el surgimiento de estados mentales torpes no surgidos. Un estado mental torpe es aquel que surge del deseo desmesurado o egoísta, del odio, de la ignorancia o confusión mental. Si queremos prevenir su aparición entonces debemos siempre recordar de donde provienen.  Se dice que muchas veces estos provienen de la acción de los 5 sentidos “tradicionales” (vista, oído  tacto, gusto y olfato) y su interacción con la mente (el sexto sentido).

Por ejemplo: “Vemos “algo” que nos gusta mucho e inmediatamente se apodera de nuestra mente y nuestros pensamientos. Lo deseamos tanto que solo somos capaces de pensar en ello, dejando de lado todo lo demás. Después llega alguien y nos muestra que acaba de comprarse aquello que nosotros queríamos y experimentamos envidia, coraje, pensamos cosas negativas, etc.” En resumen, a través de nuestra vista con la ayuda del deseo desmesurado se arraigo en nuestra mente una noción y una expectativa que nubla nuestra vida; lo cual a su vez fue fuente de más deseo, odio, ignorancia y confusión mental. Volviéndose un círculo vicioso que nos lleva a sufrir pero que difícilmente reconoceríamos nosotros mismos nos metimos en él.

Se dice que esto puede ocurrir con cualquiera de los sentidos, de una u otra manera estos son nuestros filtros al exterior; así que el budismo propone cierto tipo de vigilancia constante sobre ellos a través de la atención consciente en relación a los sentidos pero principalmente sobre la mente.  No se trata de limitar nuestro contacto con el mundo exterior, sino de observar como nuestra mente interpreta ese mundo. Aunque también vale la pena ser conscientes de aquello que permitimos entre a través de los sentidos. No todo lo que brilla es oro, dicen.

Entonces para prevenir debemos vigilar las puertas de los sentidos, haciendo especial énfasis en la mente. Es observarnos momento a momento como somos y lo que motiva nuestros actos. Observar de donde surgen estos y prevenir que manipulen inconscientemente nuestra vida, cosa que sucede a menudo.

El segundo ejercicio invita a erradicar los estados mentales torpes surgidos. Pensemos que ya logramos prevenir el surgimiento de ciertos estados mentales torpes pero aún así hay otros que continúan surgiendo o que nunca se han ido y nos percatamos de ello. Aquí es donde viene la parte de erradicar.  Pero igual para erradicar debemos refinar aún más nuestra comprensión de los mecanismos que nos atan y limitan el cambio.

El budismo dice que existen Cinco Obstáculos principales que limitan la capacidad de erradicar los estados mentales torpes ya presentes. Todos ellos se relacionan con el deseo; pero recalco que no con el deseo que nos lleva a superarnos o a buscar algo, sino con el tipo de deseo desmesurado, que lo ve todo en términos de “todo o nada”.  Todos conocemos este tipo de deseo, algunos más y otros menos; o simplemente en diferentes cosas.

Estos Cinco Obstáculos son:

  1. Deseo de cosas materiales. Se refiere a siempre querer más y más sin nunca sentirnos satisfechos. Pero sobre todo querer más solo por el hecho de tener y no por lo funcional de las cosas materiales.
  2. El odio. Se refiere al odio en todas sus formas, desde las burdas hasta las sutiles.
  3. La ansiedad e inquietud. Este es el más sencillo de comprender, basta con observar el mundo actual: inquietud, preocupación, agitación y angustia.
  4. La pereza y el letargo. Se refiere a la inactividad y el estancamiento en el actuar. Es cuando se cree que no “vale la pena” hacer nada y es mejor permanecer como se esta. Es decir, es cuando no se realiza ni el mínimo esfuerzo para nada. En ocasiones puede provenir de la misma ansiedad, pero en muchas ocasiones es una actitud ante todo en la vida.
  5. La duda e indecisión. Se refiere a la incapacidad a la hora de considerar las cosas y llegar a una conclusión definitiva. Es nunca tomar una linea de acción y con ello adoptar responsabilidades y una actitud concreta.

Cuando se habla de erradicar los estados mentales torpes, fundamentalmente se habla de deshacernos de estos Cinco Obstáculos.Pero, ¿como? El budismo recomienda 4 métodos.

  1. Considerar las consecuencias del estado mental torpe. Que sucedería si… me enojo, grito, etc. Pensar en las posibilidades.
  2. Cultivar el opuesto. Todo estado mental torpe tiene su contraparte hábil. Si me enojo entonces debo cultivar el amor. Para ello esta la meditación de la Metta Bhavana.
  3. Dejar que los pensamientos torpes sencillamente pasen. Es dejar de elaborar y complicar los pensamientos torpes. Todo lo que comienza tiene un fin. Y en ocasiones ese fin no llega porque continuamos prestando excesiva atención. Al dejar que pasen nos desapegamos de nuestros pensamientos. Esto también requiere cierto entrenamiento y meditar ayuda mucho a observar el ir y venir de los pensamientos.
  4. La supresión enérgica.  Esto es cuando conscientemente y con voluntad le quitamos toda la fuerza a los estados mentales torpes. Luchamos contra ellos porque conocemos sus consecuencias. Aclaro que este método debe ser el último a intentar si los otros 3 no dieron resultados.

El tercer ejercicio consiste en el desarrollo  o cultivo de estados mentales hábiles no surgidos.  Ya que prevenimos y erradicamos ahora nos toca hacer surgir estados mentales nuevos y sobre todo diestros.  Estados mentales que promuevan la transformación de toda nuestra existencia. Son estados mentales hábiles y además transforman la conciencia de quien los posee. Son los tipos de estados mentales que llevan a una evolución de la conciencia y se les conoce como dhyanas. Existen 4 dhyanas principales y 4 más que forman parte del último dhyana. No existe forma de explicar conceptualmente las dhyanas ya que hacen referencia a experencias que surgen; así que intentaré dejarlas lo más claras posibles pero como todo, solo se comprende en su totalidad hasta que se experimenta. La primer dhyana se refiere al estado en que todo el ser esta impregnado de una conciencia elevada;  el ser está ahí pero bañado de otro tipo de percepción. En la segunda dhyana existe un flujo que proviene de las profundidades de la mente pura y lúcida, de algo que esta en movimiento y activo como conectado a una fuente inagotable. En la tercer dhyana el ser no está simplemente impregnado de un estado superior de conciencia, es como si este estuviera contenido en él; este se vuelve su estado natural. El cuarto dhyana el estado superior de conciencia rodea todo el ser y lo protege del mundo exterior. En esta cuarta dhyana el ser experimenta otras cuatro dhyanas más sutiles: se da una expansión más allá de las fronteras naturales, se percibe la mente como infinita, surge la noción de la unión total de la existencia y se trasciende la dualidad sujeto-objeto; se alcanza la unión final.  Llegar a experimentar las dhyanas requiere un trabajo constante de meditación activa en todo momento y no solo al sentarnos. Meditar implica una vida consciente y no solo concentrada, una vida en la que se cultiva y se transforma.  Cultivar este tipo de estados mentales hábiles y hacerlos surgir inevitablemente transformará la vida de toda persona.

Por supuesto que en la vida práctica el cultivar estados mentales hábiles también habla sobre el amor, la compasión, la empatía, el respeto, la honestidad, el contentamiento, etc., pero no los mencione porque estos surgirán como consecuencia de la consecución de las dhyanas, la práctica de la meditación e incluso como parte de la prevención y erradicación de los estados mentales torpes.

El cuarto ejercicio nos dice que debemos mantener los estados mentales hábiles surgidos. Es relativamente sencillo regresar a donde iniciamos y abandonarlo todo. . Mantener implica esforzarnos día a día y comprender que la regularidad es la que brinda los verdaderos cambios. Debemos implementar una constante vigilancia sobre nosotros mismos para evitar retroceder o no evolucionar.

El prevenir, erradicar, desarrollar y mantener son cuatro divisiones de una constante; como se pudieron dar cuenta forman parte de un mismo objetivo y como todo en el mundo no trabajan de forma aislada. En algunos momentos necesitaremos más prevenir, en otros erradicar pero siempre busquemos desarrollar y mantener lo que hemos alcanzado, por mínimo que parezca. Dicen que todo gran camino inicia con el primer paso.

Sean felices y que tengan un excelente camino.