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¿Te atreves a ser un Buda?

Buda Gautama
Estatua de Buda Gautama

Muchas personas alrededor del mundo al escuchar la palabra Buda piensan en algunos casos en aquel personaje gordo y sonriente que se encuentra en muchas tiendas chinas y/o restaurantes; y en otros casos, imaginan a un semidios de la India con el que poco o nada tienen que ver. Para explicarles exactamente a que hace referencia la palabra Buda, utilizaré la vida de Siddharta Gautama. Aquí va.

Siddharta Gautama – después conocido como Buda- fue un príncipe que nació en Lumbini, reino de Kapilavatthu en la aldea del Terai que se ubica a los pies de los montes Himalayas, hoy conocido como Nepal. Su padre Suddhodana -el rey de los Sakyas- era un sujeto con inmensa riqueza y muchas propiedades, entre las cuales destacaban sus palacios. Su madre Maya Devi, era una de las muchas esposas que el rey tenía -recordemos que en aquella parte del mundo la poligamia es muy común hasta nuestros días-.

Se cuenta que al nacer, el pequeño Siddharta fue visitado por el brahman Asita, un asceta respetado por su gran sabiduría. Al ver al pequeño, Asita no hizo más que comenzar a llorar.  Asombrados sus padres -especialmente su madre- preguntaron porque lo hacía. Asita respondió que lloraba porque este pequeño se iba a convertir en una gran persona, muy influyente en el mundo y lamentaba que por su edad no podría ver sus logros y alcances. También afirmó que el niño se podía convertir en un gran líder espiritual o en un gran gobernante. No es difícil imaginar que siendo su padre un rey, decidiera encaminar su vida al gobierno, para que continuara con su legado.

Hay una leyenda sobre el embarazo de Maya Devi en donde se cuenta que fue fecundada por un elefante que bajo del cielo y entró a ella por su costado derecho. Cierto día, salió junto con sus sirvientas al bosque y comenzó a sentir los dolores de parto, se inclinó sobre un árbol y de su costado nació Siddharta. Al salir se puso de pie y comenzó a caminar, al hacerlo, de cada paso brotaban flores de loto y llovían pétalos. Siddharta se detuvo levanto su dedo índice y dijo “este ha sido mi último nacimiento, triunfaré sobre la cadena de nacimiento y muerte“.

A Siddharta se le brindaba una vida de rey, tenía un palacio para cada época del año, poseía riquezas, hermosas mujeres al por mayor y sirvientes, vivía rodeado de gente físicamente hermosa y que lo respetaban; todo parecía perfecto. Pero, esta vida tan “perfecta” no era más que un espejismo creado por su padre para alejarlo del destino que Asita había predicho para él. Suddhodana creía que si lo alejaba de todo sufrimiento, Siddharta nunca elegiría ir por el sendero espiritual y continuaría con la firme convicción de ser un gobernante. Los años de niñez y juventud de Siddharta transcurrieron de manera tradicional para un príncipe.

Cierto día Siddharta comenzó a sentir curiosidad sobre como sería el reino de su padre más allá de las murallas del palacio – era ya un joven y nunca había salido al mundo exterior -, y entonces se dirigió a su padre para pedirle lo dejará conocer a la que en un futuro se convertiría en su gente. Su padre intentó convencerlo de que no era necesario salir, que fuera de las paredes no existía nada extraordinario, que solo era más de lo mismo que veía en el palacio. Siddharta no se sintió convencido de ello y continuó pidiendo a su padre su autorización para salir del castillo. Cansado de la insistencia del joven Siddharta, su padre autorizó su salida y sin que su hijo lo supiera, ordenó a sus sirvientes y soldados que retirasen todo aquello que pudiera herir la conciencia frágil del príncipe, es decir, todo aquello que representara el sufrimiento humano.

Llegó el día de la salida de Siddharta y todo parecía perfecto. Al abrirse las puertas del palacio Siddharta no observó más que jubilo y festejos, fue recibido como el futuro rey, todos lo victoreaban. Salió en compañía de Channa, su sirviente personal el cual tenía la tarea de no sólo ser su compañía, sino de explicar todo cuanto el príncipe quisiera saber. Por supuesto, que las “explicaciones” de Channa estaban limitadas por órdenes del rey. Nada estaba libre de su control; o al menos, eso creía él. Channa, pensaba algo muy diferente.

Mientas Siddharta avanzaba por el desfile, de pronto logró observar entre la multitud a un anciano y observó también como los soldados de su padre se lo llevaban. Al ver esto preguntó a Channa que era aquello que había observado, a lo cual Channa respondió: “eso es la vejez, y nadie puede escapar de ella; incluso usted y sus padres”. Se dice que este fue el primer golpe a Siddharta, el cual sintió como en su interior se despertaba algo que lo impulso a bajar de su elefante y seguir por el camino donde observó a aquel anciano. Channa bajó junto con él, después de todo debía seguirlo a todos lados.

Siddharta continuó su andar, y entonces observó lo que se convertiría en un segundo revés para él. En una choza miró a un hombre muy enfermo con aspecto sumamente demacrado; Siddharta preguntó a Channa que era aquello que él veía, a lo que este respondió: “eso es la enfermedad y nadie a lo largo de su vida puede librarse de ella, incluso usted y sus padres”. Por primera vez en su vida, Siddharta sentía dolor y compasión por los demás.

El príncipe decidió continuar su andar y en el camino se enfrentaría con el último y mayor revés. Observó como era quemado el cuerpo de un hombre, al mirar esta imagen Siddharta preguntó a Channa el porque lo quemaban. Channa respondió: “eso es la muerte, es el final al que todos algún día llegaremos incluso usted y su padre”. Siddharta quedó conmovido por aquellas imágenes. Pensó como era posible que en su mundo nunca hubiera visto nada de eso y que hubiera gente que padeciera todas estas cosas. Esto lo llevó a tomar la decisión de abandonar toda vida de lujo y dejar el palacio para enfrentarse a la realidad y ayudar a liberarse a los demás del sufrimiento.

Su padre no se quedó contento al enterarse de lo que sucedía con Siddharta y ordenó que fuera reforzada la vigilancia del palacio y que no se permitiera a Siddharta salir nuevamente del palacio. Comenta una leyenda que la noche en que Siddharta escapó del palacio, una densa niebla cayó sobre él y durmió a todos; menos a Channa y a su caballo. Entonces aprovechando esto Siddharta de 29 años, se despidió de su esposa e hijo – si, ya era casado y con un hijo – y se fue junto a su fiel compañero.

En el camino, Siddharta decidió bajar del caballo y  continuar a pie. En ese momento, Channa le dijo que no podría acompañarle más, y le deseó buena suerte en su búsqueda. Se despidieron y Siddharta continuó. En su camino encontró a diversos maestros de los cuales aprendió meditación y logró experimentar niveles de conciencia desconocidos para él.

En un inicio, Siddharta buscaba la forma de liberarse del sufrimiento a través de la unión con el “creador” y para ello probó diversas técnicas, sin que ninguna de ellas le dejará satisfecho. Pero un día al observar a algunos ascetas, pensó “claro, la única manera de liberarme de todo esto es dejando de lado cualquier deseo y apego, entonces dejaré de comer y de beber; así pondré a prueba a mi mundo sensorial”. Siddharta llevo a tal grado su ascetismo que casi muere.

En el momento en que casi moría por la falta de alimento y agua, se cuenta una de las más bellas y significativas leyendas en su vida. Siddharta escuchó la plática entre una niña y su maestro que le enseñaba a tocar la Citara, el maestro comentaba “que si una cuerda esta muy floja no suena, pero si esta se encuentra muy tensa se rompe. La cuerda debe estar en su justa tensión para que pueda dar música y armonía”. En ese momento Siddharta comprendió que la respuesta a su pregunta era “el camino medio”. Entendió que tanto el ascetismo extremo como la vida de placeres del palacio eran dos extremos y que la verdad se hallaría en el justo medio; ni placeres exacerbados ni ascetismo extremo, todo en su justa medida. Entonces decidió dejar de buscar la liberación en cualquier medio externo y adentrarse en sí mismo.

Siddharta cortó sus cabello y se envolvió en una manta; continuo su caminar hasta Bodhgaya, un pueblo de la India y ahí se colocó debajo del árbol Bodhi, hoy conocido como el árbol de la sabiduría. Siddharta decidió sentarse debajo de él a meditar y no detenerse hasta lograr la Iluminación, es decir, la liberación del sufrimiento. En esta etapa de la vida de Siddharta no podían faltar las leyendas y aquí se cuenta una llena de simbolismos para lo que ahora se conoce como Budismo.

Se dice que Siddharta se encontraba meditando y entonces Mala -aquel que representa a todas aquellas cosas que evitan al ser humano a llegar a la iluminación-, lo observó en y decidió hacer hasta lo imposible por evitar su Iluminación. Mala envió a sus hijas, todas ellas hermosas y seductoras para distraer a Siddharta de su misión, pero ellas no hicieron más que fracasar y mostrar su respeto ante el temple de el príncipe. Mala al observar esto decidió enviar a un ejercito que atacaría a Siddharta con flechas de fuego para lograr su distracción. Este ejercito se apareció frente a Siddharta y comenzó a atacarlo con miles de flechas las cuales al llegar cerca de él no hacían más que convertirse en pétalos de flores y caer suavemente hacía el suelo.

Esto enfureció a Mala y entonces decidió aparecer él mismo frente a Siddharta pero hábilmente tomaría la forma del mismo Siddharta para que este pensará era su reflejo quien le hablaba.  Al hacerlo, Mala cuestionó a Siddharta sobre sus razones para buscar la liberación e intento crear una duda lógica en él. Siddharta logro librar todos sus engaños y entonces alcanzó la Iluminación, la liberación del sufrimiento; es decir, se convirtió en Buda, lo que significa “despierto o iluminado”.

Representación del ataque de Mala a Siddharta
Representación del ataque de Mala a Siddharta

El ahora Buda, continuó en meditación por unos días más hasta que logró la comprensión correcta de lo que había sucedido en su Iluminación. Se dice logró observar sus vidas y muertes pasadas, además de revelarsele la forma en que se puede lograr la liberación del sufrimiento. De esta parte es de donde surge lo que es conocido dentro del Budismo como el Dharma, que no es otra cosa que las enseñanzas de Buda obtenidas en esta meditación. Dentro de estas enseñanzas se encuentran lo que se conoce como la Cuatro Nobles Verdades y el Noble Sendero Óctuple, que es el camino para la liberación del sufrimiento.

Buda murió a los 80 años y alcanzó el Paranirvana, que es el estado final de liberación total de este mundo. Antes de morir Buda mencionó el Paranirvana Sutra y explicó los puntos de sus enseñanzas que creía no habían sido bien comprendidos.

La historia de Buda parece increíble y para muchos de nosotros tal vez resulte ajena, ahora casi nadie ahora vive en un palacio con todas las riquezas del mundo y con la capacidad de satisfacer todos sus deseos. En realidad las enseñanzas de Buda quieren invitarnos a ir más allá de la superficialidad de la vida y sobre todo, invitarnos a dejar lo que somos para ir en búsqueda de lo que podemos ser. Nos invita a buscar nuestro camino y con ello, inspirar la vida de los demás.

Buda mencionaba que su experiencia no debía ser creída como un dogma, sino que debían ser puesto a prueba y experimentado en la propia vida para lograr una aprehensión real de sus enseñanzas. Su Dharma sólo era una fuente de inspiración para los demás.

En resumen, cualquier persona puede convertirse en Buda. De hecho, Siddharta es el Buda histórico, pero ha habido muchos antes que él y muchos después de él.  Se dice que “todos somos Buda en potencia” y yo estoy convencido de ello, sólo que no todos estamos dispuestos a renunciar a todo lo que Siddharta renunció. Y tú…

¿Te atreves a ser un Buda?

Por cierto, para aquellos que gusten del cine les recomiendo ampliamente la película “El Pequeño Buda” de Bernardo Bertolucci, una cinta que muestra la vida de Siddharta Gautama, desde su nacimiento hasta su liberación de una manera magistral, con representaciones bellísimas de las leyendas que enriquecen la vida de Buda.

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Actuar

¿ Creatividad ?

  1. Me levanto una mañana. Salgo de mi casa. Hay un hoyo en la acera; no lo veo… y me caigo en él.
  2. Al día siguiente, salgo de mi casa. Me olvido de que hay un hoyo en la acera… y vuelvo a caer en él.
  3. El tercer día salgo de mi casa tratando de acordarme de que hay un hoyo en la acera; sin embargo no lo recuerdo… y caigo en él.
  4. Al cuarto día salgo de mi casa tratando de acordarme del hoyo en la acera. Lo recuerdo y a pesar de ello, no veo el hoyo… y caigo en él.
  5. El quinto día salgo de mi casa, recuerdo que tengo que tener presente el hoyo en la acera y camino mirando el suelo; pero a pesar de verlo… caigo en él.
  6. El sexto día salgo de mi casa, recuerdo el hoyo en la acera. Voy buscándolo con la vista, lo veo; intento saltarlo… pero caigo en él.
  7. El séptimo día, salgo de mi casa, veo el hoyo; tomo carrera y lo salto, logro rozar con la punta de mis pies el otro lado del hoyo pero no es suficiente… y caigo en él.
  8. El octavo día, salgo de mi casa, veo el hoyo, tomo carrera para saltarlo, lo hago y por primera vez llego al otro lado; me siento tan lleno de alegría que doy saltos de alegría. Y al hacerlo… caigo otra vez en el hoyo.
  9. El noveno día salgo de mi casa veo el hoyo, tomo carrera lo salto y simplemente sigo caminando.
  10. El décimo día, me doy cuenta, justo hoy, de que es mucho más cómodo y sencillo caminar por la acera de enfrente.

Y tu , ¿ piensas seguir cayendo ?